21/1/16

Roberto Goyeneche

CON SU PARTICULARISIMO ESTILO, EXPRESO EL SIGNIFICADO EXACTO Y LA PRECISA CARGA EMOTIVA QUE CADA PALABRA REQUERIA. COMO POCOS, "EL POLACO" FUE UNA LEYENDA EN VIDA

Los orígenes de Roberto Goyheneche -tal su verdadero nombre- se entremezclan con la leyenda, una leyenda que él mismo contribuyó a forjar. Se sabe que vino al mundo el 29 de enero de 1926, en el barrio de Saavedra, y que fue su madre María Elena Costa. Pero, ¿quién era el padre? El propio cantor se encargó de informar que había sido Roberto Emilio Goyheneche -el pianista autor de Pompas, De mi barrio, El metejón y otros tangos-, lo cual resulta cronológicamente imposible; este músico había fallecido el 22 de abril de 1925, ¡nueve meses y seis días antes del nacimiento del cantor!

Pero aún "El Polaco" enmarañó más las cosas cuando le confesó a Oscar del Priore que, antes que él, habían existido otros dos Roberto Goyeneche: su padre (pianista) y su tío (bandoneonista), porque, según él, su abuela solía llamar Roberto a todos sus hijos. Y quizá no esté mal que así lo haya hecho; la leyenda suele rodear a los personajes fuera de serie y él fue uno de ellos. Pero, para intentar develar la realidad, digamos que, por el momento, los datos más confiables pertenecen al libro de Matías Longoni y Daniel Vecchiarelli El Polaco (1996), donde se da como progenitor a Emilio Goyheneche -fallecido el 14 de abril de 1931-, tapicero, hermano del ya citado Roberto Emilio y de Horacio, todos hijos de Luis Goyheneche.

Con su padre muerto cuando contaba apenas cinco años, debió compartir sus estudios primarios con el trabajo. Ya en su adolescencia, se ganó el pan como conductor de camiones, taxis y colectivos.

Fue en 1944 cuando se inscribió en un concurso organizado por Roberto Cassinelli y Raúl Outeda en el Club Federal Argentino, de Núñez, y obtuvo el primer premio, que consistía en un contrato como vocalista de la orquesta de Raúl Kaplún. Con ella debutó en Radio Belgrano y llegó a registrar algunos discos que no salieron a la venta. De modo que sus primeras grabaciones comercializadas datan de 1952, cuando pasó a la orquesta de Horacio Salgan, en la que compartió la faz vocal con Ángel "Paya" Díaz.

Su contacto con el "Paya" fue importantísimo, ya que sería uno de los modelos de su estilo final, como ya quedó dicho. Por otra parte, a Díaz también debía Goyeneche el apodo que todos le conocimos, "El Polaco". Diez composiciones grabó con Salgan, desde Alma de loca hasta Un cielo para los dos -ésta a dúo con su compañero vocal- entre 1952 y 1956.

A partir de entonces, pasó a la típica de Aníbal Troilo, aunque en un principio el gran bandoneonista no estaba demasiado entusiasmado con la estampa del intérprete: "¿Cómo voy a poner en la orquesta a un cantor de tango con pinta de cowboy?", solía decir. Finalmente, la calidad interpretativa de "El Polaco" pudo más que la indecisión del "Gordo" y el 7 de septiembre de ese año, inició sus grabaciones con "Pichuco", a partir de Bandoneón arrabalero, dejando algunos registros clásicos, como A Homero, El motivo, El metejón, ¡Cómo se pianta la vida! o La última curda.

Volver a poner en el tocadiscos Afiches o La última curda o Malena o Chau, no va más o cualquier otro tango desmenuzado palabra por palabra por Roberto Goyeneche es volver a oír un modo diferente de transmitir la música de Buenos Aires; es percibir, una vez más ese fraseo "casi bandoneonístico", como bien señaló Horacio Ferrer, esa manera de cantar "hasta los puntos y las comas", según lo vio acertadamente Aníbal Troilo.

Ese sorprendente modo de decir el tango tenía algo de Ángel "Paya" Díaz, de Floreal Ruiz y de Roberto Rufino, pero todo pasado a través del filtro de su talento. Y lo que Goyeneche hacía era pronunciar cada palabra con su exacto significado, con toda su carga emotiva, vale decir, "entablar un pacto de complicidad con el público", para recurrir a su muy apropiada frase.

Entre 1959 y 1960, a veces acompañado por el conjunto de guitarras de Héctor Arbelo, alternó sus actuaciones con Troilo con su labor como solista en las radios Del Pueblo, Libertad y Argentina, y grabó con Roberto Pansera. En 1960, también cantó acompañado por el cuarteto Troilo-Grela. En 1961, grabó con Los Modernos.

En 1963, cumplió sus últimas actuaciones con Troilo a la vez que cantó como solista acompañado por el trío Luis Stazo-Armando Cupo-Mario Monteleone, con el que llegó a grabar posteriormente. "¡Si no se va, lo echo!", le había dicho cariñosamente Troilo, empujándolo hacia la carrera de solista que "El Polaco" merecía. Luego de grabar Pa' que bailen los muchachos, el 18 de junio de ese año, Goyeneche y Troilo se desvincularon amistosamente. En 1967, Goyeneche ya era cantor de moda, iniciado ya su nuevo estilo, en el que el decidor comenzaba a reemplazar al cantor; a fines del año anterior, el director artístico de la Victor, Aquiles Giacometti, había tomado la iniciativa de promoverlo, en vista del éxito que venía obteniendo en las salas donde actuaba.

Desde entonces, "El Polaco" -siempre en calidad de solista- fue acompañado por Armando Pontier, Roberto Pansera, trío Baffa-Berlingier-Cabarcos, Orquesta Típica Porteña, Astor Piazzolla, Atilio Stampone, Raúl Garello, Osvaldo Berlingieri, Sexteto Tango, Carlos Franzetti, José L. Castiñeira de Dios, Osvaldo Pugliese, Julio Dávila y Néstor Marconi.

A partir de 1984, al margen de los bailarines, fue la gran sensación del espectáculo Tango Argentino en Europa y América. Su enorme popularidad y su condición de mito viviente lo llevaron a la cinematografía, para participar en dos películas de Pino Solanas, El exilio de Gardel y Sur. Eran ya los últimos tiempos de un Goyeneche mimado por la hinchada, convertido en Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, pero su capacidad respiratoria notablemente reducida, lo cual no le permitía cantar más de cuatro tangos por presentación.

Sin embargo, seguía siendo esa leyenda a la que el tango le devolvía lo que él le había dado: Horacio Ferrer-Leopoldo Federico lo homenajeaban con El Polaco; Cacho Castaña con Garganta con arena, y Ernesto Pierro-Guillermo Mieres con otro tango también titulado El Polaco, que obtuvo el primer premio del Festival Cosquín en 1994, en la voz de Silvana Grégori. Poco después, pasadas las 14:30 del sábado 27 de agosto de ese año, el inmenso decidor calló para siempre su voz. Un diario comentó entonces: "Se fue el último gran cantor del tango". Y algo de eso había en realidad.

Contenido realizado por alumnos para
Olimpiadas Nacionales de Contenidos Educativos en Internet

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