5/10/09

Osvaldo Berlinghieri – "Nombre y Apellido del Buen Tango"

Lo encontramos en la actualidad trabajando incansablemente como si estuviera a punto de ser llamado por Troilo, o debutar junto al Pola­co Goyeneche y su nueva orquesta. Pero la realidad nos muestra que aquellos años indefectiblemente han pasado y aunque Troilo y el Polaco no están, Osvaldo Berling­hieri -historia viva del tango-, si­gue en la brecha, motivo por el cual los oyentes del buen tango esta­mos de para bien.

Si bien es cierto que la nó­mina de importantes pia­nistas es nutrida (Orlan­do Goñi, Osmar Maderna, Fulvio Salamanca, José Basso, Orlando Tripodi, Jaime Gosis, Dante Amica­relli, Osvaldo Manzi, etc.) hay algunos que por su condi­ción de creadores sobresalen, tal el caso de Francisco de Caro, Osvaldo Pugliese, Ho­racio Salgán y Carlos Di Sarli; junto a estos apellidos ilustres se ubica cerrando ese quinteto de grandes pianistas, virtuosos por ideas y por técni­ca -cada uno en su estilo-, el de Osvaldo Berlinghieri. Como cada uno de los nombrados, Os­valdo reúne las facetas de com­positor, arreglador, director y avezado ejecutante que impri­mió en cada agrupación en la que estuvo su "estilo", tempe­ramento y firmeza que aflora en cada versión, algunas nota­bles que luego detallaré; fre­cuentes improvisaciones, ma­gistrales solos y contundente capacidad conductora que "le­vanta" a la orquesta en los mo­mentos adecuados, hablan de un exquisito y sobrio músico. Las influencias jazzísticas lo llevan a probar variadas armo­nías que enriquecen el arreglo rellenando la melodía, de ten­dencia vigorosa y con cierta li­gereza en ambas manos, sin dudas el calificativo adecuado es el de virtuoso.

Su trayectoria profesional comienza en 1945, pero se lo ubica en la generación de mú­sicos surgidos en 1950 y conso­lidados en la década siguiente. Por este motivo -como casi to­dos sus pares-, capta las ten­dencias Piazzollianas que lo in­ducen a probar un tango no tan tradicional, aunque también lleva sobre sus espaldas doce años de Troilo, y claro que no es poco. Entonces nos encon­tramos con un músico que pre­senta dos vertientes, junto al bandoneo­nista Er­nesto Baf­fa y su trío recrean un estilo Troi­leano; y con su propia formación el tango mo­derno o apiazzollado. Yo por gusto per­sonal me quedo con el primero.

Su tránsito por el tango lo ubica en la orquesta del cantor Héctor Mauré y luego por es­pacio de dos años en la agrupa­ción del bandoneonista Do­mingo Federico, quien for­maba su orquesta al desvincu­larse de Miguel Caló. Más tarde trabajaría con el maestro Francisco Rotundo, también por un corto período, y en las orquestas de Roberto Caló, Joaquín Do Reyes y Edgar­do Donato. Ya fogueado junto a los mencionados directores, Osvaldo emprende una serie de actuaciones en el exterior que comprenden presentaciones en Centroamérica y el Pacífico junto al cantor Raúl lriarte. También ha trabajado en Ara­bia con Armando Caló y en Bolivia con Dante Leone. Es­tando en este país recibe el lla­mado de Aníbal Troilo para incorporarse a su orquesta, ya que Osvaldo Manzi debía cumplir otros compromisos co­mo el de reemplazar a Osval­do Pugliese. De regreso a Buenos Aires lo espera Troilo y su orquesta que queda forma­da con los siguientes músicos: Troilo, Mattio, Marino, Tell y García en los bandoneones; Díaz, Votti, Alzina, Cavalla­ro en violines; Gianna en vio­la; Fanelli en cello y Kicho Díaz en contrabajo. Al año si­guiente se incorpora Ernesto Baffa y los cantores eran Cár­denas y Goyeneche.

En párrafos anteriores men­cionaba las versiones que lle­van el sello de Osvaldo Ber­linghieri: con Pichuco se desta­can "Lo que vendrá", "La flor de la canela", "Inspira­ción", "La Cumparsita" y entre muchas otras -ciento on­ce en total-, "Responso". Inte­gró también el Cuarteto de Troilo y de allí surgen dos obras bellísimas y antológicas: "Pablo" y "Sobre el pucho". Corría 1968 y debido al poco trabajo que por esa época rei­naba para las orquestas, Os­valdo emprende junto al ban­doneonista Alberto García y el contrabajista Alcides Ros­si, un trío que bautizan como Los Modernos. Se unen al cantor Roberto Goyeneche y graban algunos tangos como "Tamar", "Contramarca" y "Torbellino". Siempre en la modalidad de Trío comparte el rubro -hasta hoy- con Ernesto Baffa y se suma el virtuoso contrabajo de Fernando Ca­barcos. Una época extraordi­naria en donde surgen recrea­ciones de inmortales tangos: "Mala junta", "Responso", "La Tablada" y "La puñala­da" entre los netamente ins­trumentales; y junto al Polaco graban: "Sobre el pucho", "Romance de barrio" y "Desencuentro".

El trío se convertiría en or­questa para grabar en RCA Víctor y más tarde forma­ría otro binomio importan­te junto a Leopoldo Fede­rico, siempre con el bajo de Cabarcos. Volvería a la prime­ra fórmula con Baffa/Cabarcos y también, para acompañar a diversos cantores como Carlos Paiva, Roberto Rufino y Ro­berto Goyeneche, se amplia­ría en orquesta típica, Vale destacar la versión del tango "Solo se quiere una vez" de Claudio Frollo y Carlos V. G. Flores, sobre arreglos de Ber­linghieri que grabaran con Ru­fino, realmente de antología.

Estos son los lineamientos generales de su trayectoria en la que también cuentan sus ya clásicas presentaciones junto a la señora Nati Mistral, una colaboración especial en dos grabaciones con Mercedes Sosa en los tangos "Los mareados" y "Vuelvo al sur" en 1995 y un disco junto al Polaco Goyeneche realizado en 1980 para la RCA Víctor con arre­glos propios donde sobresalen las versiones de "Papá Balta­zar", "Nunca tuvo novio" y "Milonguita". Últimamente ha grabado en Melopea Discos acompañando a Beatriz Suá­rez Paz y colaboró en el traba­jo de Ernesto Baffa estrenando el tango que les pertenece titu­lado "Yunta Eterna".

Sin dudas es uno de los va­lores fundamentales del tango y es una suerte poderlo disfru­tar todas las noches en el local más tradicional del barrio de San Telmo creado por otro "grande", Edmundo Rivero; me refiero al legendario "Viejo Almacén" en Balcarce e Inde­pendencia en la Capital Fede­ral.

Hernán Volpe
(Revista "Club de Tango", N° 41, Marzo-Abril 2000)

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