12/10/17

Oscar Alonso, por Juan Carlos Ocaña

La vez que Carlos Gardel lo oyó cantar, dijo: "¡Ojo con este pibe que canta con el corazón...!

Nació el 12 de octubre de 1912. Su verdadero nombre era Pedro Carlos Brandán. El artístico, Oscar Alonso. Nació en Ameghino, provincia de Buenos Aires, y siendo pequeño su familia se trasladó a San Antonio de Areco, naciendo ahí la amistosa relación de su padre, don Pedro Brandán, con don Ricardo Güiraldes. En 1926 la familia decidió afincarse en Buenos Aires y en 1932, cuando contaba veinte años de edad, Oscar Alonso debutó como cantante. Se volcó al tango y a la canción campera.

Dos años más tarde debutó como cantor profesional y allá por el ‘33 actuó nada menos que con Anselmo Aieta en el café "El Nacional", el templo del tango. Allí fue donde lo escuchó cantar Gardel, quien tuvo merecidos elogios para ese muchachito. El café estaba ubicado al lado del teatro del mismo nombre y en esa época el ídolo máximo del tango cumplía su última temporada teatral en Buenos Aires, con la pieza "De Gabino a Gardel". Fue el conocido autor Alberto Vaccarezza quien llevó al novel cantor hasta el camarín que ocupaba Gardel, y ahí recibió el elogio del Zorzal:

-- El otro día pasé por la puerta del café y me paré para escucharte...Cantás muy bien, pibe...Seguí así que vos pertenecés a la barra de los que cantan de verdad...

No fue ése el único elogio que mereció del Morocho del Abasto. Con anterioridad a esto tuvo lugar un episodio que contó hace años don Armando Defino, caballero como pocos y apoderado de Gardel. Don Armando, en una de sus tantas y sabrosas charlas de sobremesa, supo expresar:

-- Una noche de 1933 estábamos comiendo en mi casa de la calle Cangallo. Eramos Carlos, su madre, mi esposa Adela y yo. Carlos estaba bastante malhumorado porque su anterior apoderado se la pasaba pregonando que tenía un cantor con el que le iba a matar el punto... Recuerdo que Carlos nos dijo: ¡Qué me va a matar el punto con ese tipo que, cantando, es más frío que un pedazo de hielo...!". Mientras tomábamos café encendimos el aparato de radio y sintonizamos a Oscar Alonso, que en aquellos tiempos comenzaba su carrera artística. Mientras lo escuchaba con mucha atención, Carlitos expresó: "¡Este sí que canta. Ojo con este pibe, que canta con el corazón...!"

Cuando se lo contaron a Oscar se puso a llorar. A lo hombre, con los ojos abiertos y en silencio...

También recibió elogios de dos grandes de la lírica mundial: Beniamino Gigli y Tito Schipa. Y alguien que evidentemente de tango sabía un montón, Aníbal Troilo, que un reportaje que se le hizo en 1963 para una revista, cuando se le preguntó su opinión sobre Oscar Alonso, manifestó:

-- "¡Grande... colosal...! Oscar Alonso es un cantor extraordinario... ¿En qué plano lo ubico con relación a otros cantores? Miren... yo respeto a todos. Hay muchos que cantan muy bien y tuve la suerte de contar en mi orquesta con grandes vocalistas. Puedo nombrar de 
corrido a los diez mejores que hay en la actualidad. Pero Alonso es el más grande cantor de tangos después de Gardel, sin ninguna duda...

En aquella época, años iniciales del ‘30, actuaba con guitarras en programas radiales. Fueron sus guitarristas Giménez, Morales y Alberti, y en 1936 llega por primera vez al disco. En 1938 participó en la película nacional "Pampa y cielo" y en espectáculos teatrales de aquella época.

Durante los años ‘40 tuvo la difícil misión de estrenar muchos tangos y además en 1946 grabó para el sello SONDOR, de Uruguay, y hasta el ‘50 realizó una exitosa gira por toda América, fundamentalmente por Cuba, donde aún hoy es muy recordado. De regreso al país volvió a grabar y en esa época contó con un acompañamiento excepcional, puesto que llegó al disco con la orquesta de Héctor María Artola. En el ‘60 lo hizo con el conjunto musical de Carlos García y en 1975, cuando tenía 63 años de edad, grabó su último disco larga duración acompañado por esta última orquesta.

Ya había consagrado con el singular sello de su voz varios temas y acuñado el nombre de Oscar Alonso, cuando inició un ciclo de estrenos que completaron su alta performance. Porque fue él, a favor de su buen gusto, quien inauguró el suceso de tangos hoy clásicos como "Malena", "Barrios pobre" o "Mañana zarpa un barco". Y fue él, asimismo, el que llevó a su más alto grado de emotividad tangos como "La novena", "Silencio", "Che bandoneón", "San José de Flores" o "Qué viejo estoy", entre muchos otros que abordó con excepcional acierto.

En 1955, por razones que se reservó hasta el día de su muerte, se exilió en el silencio. Alojó sueños, guitarras y canto en la intimidad de su hogar y permaneció en esa actitud intransigente durante muchos años. Hasta que en 1973, sugestivamente, retomó la senda que había recorrido a paso de triunfo, en coincidencia con el retorno de Perón a la Argentina.

Desde ese entonces se lo vio siempre animoso, barajando proyectos como si el truco existencial recién comenzara. Grabó varios temas tales como "Rubí" o "Sin palabras" con el maestro Carlos García. Se presentó en distintos locales acompañado por guitarras y se había propuesto organizar una campaña promocional del tango, para combatir la invasión del ruido. Pero no pudo ser. La carta absurda de un infarto cayó sobre la mesa el 16 de enero de 1980 para clausurar todos sus sueños.

Poco antes, en una inolvidable emisión televisiva cantó por última vez "Pa’que bailen los muchachos", anunciando que el tango ya se terminaba. Con la honda voz de un presentimiento. Y al hombre maduro actual le ocurrió lo mismo que al lejano adolescente: se sintió estremecido. Aun cuando ya no había lugar para sorpresas porque al cabo de sus experiencias bien se sabe, como afirmó el poeta, que "la vida es una milonga..."

www.todotango.com - 15/01/2005

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