26/5/17

Mañana, ese interrogante...

¿Cuál será el mensaje que aportarán los exponentes musicales del Río de la Plata en el futuro?

Aventurarse a vaticinar algo es arriesgado e inútil, porque de un momento a otro alguien puede variar las pautas musicales que rigen en 1980. Pero vale la pena hacer una recopilación de nombres.

Cada momento histórico tiene sus propias características, con contornos bien delineados que le adjudican el rótulo de único. Nada se repite, aunque todo se sucede. Por eso, es aventurado opinar que el tango de la década del ochenta será una reiteración del decenio del cuarenta. En aquellos años, las causas del surgimiento espontáneo de una generación de músicos, poetas e intérpretes tuvieron sus raíces en la faz social como en la económica, espiritual, etcétera.

En la actualidad los ítem mencionados han variado, y con ellos ha variado el pensamiento del ciudadano medio. Por eso, todo intento de recuperar al tango como la expresión que fue en 1940 es en vano. Lo que debe intentarse, en cambio, es el aprovechamiento de los valores actuales, sin mirarse en ningún espejo, y sin preocuparse por la reiteración de hechos, porque la historia se escribe de una sola vez y no necesita de segundas partes. En una somera recorrida que puede intentarse entre los principales exponentes que tienen buenas posibilidades de imponer su nombre y de representar dignamente a nuestra música ciudadana, las menciones personales sobrepasan el centenar. La cifra es vasta y el síntoma, pues, es bueno. La recuperación del tango es un hecho palpable y visible. Y mientras exista un solo intérprete de la música representativa de la ciudad -y del Río de la Plata- habrá que mantener en "la congeladora" el certificado de defunción.

El mañana será un interrogante, claro. Nadie puede asegurar que el tango morirá o que resurgirá con fuerza avasallante. Pero teniendo en cuenta .la recopilación de nombres (advirtiendo que muchos de ellos tienen peso propio, vulgo "gancho"), quien asegure que ese tango se recupera a paso acelerado del ostracismo y de la indiferencia no se habrá de recibir de profeta.

Si la verdad está en la cantidad de nombres (no exentos de calidad, obviamente), hay larga vida asegurada.

El suceso de Rubén Juárez (cordobés nacido en 1947) no es casual. Sus más de doscientas grabaciones en su sello discográfico hablan a las claras de un éxito que no es fortuito ni impuesto. Al "parentesco" estilístico que lo une a la figura de Julio Sosa le ha aportado un fraseo propio y bien diferenciado del intérprete oriental.

Diez años antes de que naciera Juárez, en Santa Fe, salía a la vida Raúl Peralta, quien ya en 1958 era Raúl Lavié. Pasaron muchos años desde entonces, y el intérprete buscó su lenguaje, transitando por estilos diferentes. Hasta hallarlo. De él, se espera, ahora, un tango rico en bajos, con tendencia a bolero (nada de fraseo convencional) y con un caudal de voz sobresaliente.

La figura joven más importante es Guillermo Fernández, Nacido en 1958, prontamente alcanzó su consagración en Canal 9. No obstante, continuamente busca su perfeccionamiento, habiendo logrado ya su masa de seguidores. Su voz carece de matices impropios para la música que está interpretando, y tal vez ésa sea su principal virtud: la falta de exotismo, la autenticidad.

En 1979 se consagró el rionegrino Ricardo "Chiqui" Pereyra, con una voz recia y rica en matices. Sus actuaciones han sido discográficas y teatrales, principalmente, integrándose a elencos de revistas, con lo que la vida nocturna de Buenos tiene una voz cotidiana ya definida. Quienes aguardan su consolidación definitiva -aunque ya aparecen con caracteres diferenciados en el primer plano tanguero son Luis Filipelli (notable por su afinación e inteligente por la elección de un personal repertorio), Hernán Salinas (poseedor de una voz muy particular, con importantes aportes en la radiofonía), Guillermo Galvé (intérprete de personalidad y presencia) y Carlos Alcorta (quien a través de su contacto con el público desde las salas de espectáculos nocturnos trasunta simpatía y denota cualidades).

No menos importantes -teniendo en cuenta sus perspectivas- son Jorge Guillermo (aguardando tal vez el momento que lo lance masivamente), Carlos Boledi (de agradable color de voz), Rodolfo Morales (uruguayo que ha tenido acceso al disco), Eduardo Espinosa (poseedor de una dicción rica en matices), Francisco Llanos (quien a través del disco insinúa sus condiciones), Rubén Guerra (en la búsqueda de un estilo que lo distinga), Héctor Blotta (con una vasta experiencia en teatros), Eduardo Fratta (recientemente reiniciado como solista, esperando su gran oportunidad), y -en un plano de igualdad con los mencionados anteriormente-, también integran la extensa nómina Alberto "Chino" Hidalgo (pese a pertenecer a la "generación intermedia", aún se espera mucho de él), Norberto Roldán, Gustavo Nocetti, Walter Gutiérrez; Carlos Cristal, Reynaldo Martín, Jorge Rolando, Jorge Hidalgo, Rodolfo Lemos, Alfredo Dalton, Enrique Lear, Horacio Casares, Rubén Améndola, Héctor Dario, Carlos Nogués, Roberto Echagüe, Marcelo Paz y Carlos Gari.

Tal vez no todos estos nombres le sean familiares al aficionado al tango. Pero -pese a que en 1980 muchos de ellos no se han consolidado- conforman plenamente las expectativas. Y aseguran la riqueza interpretativa de nuestra música popular.

En mujeres hay nombres excluyentes y que no necesitan presentaciones. Alejada de todo lo convencional, y con notoria repercusión en diversas salas de Francia, aparece Susana Rinaldi. Su música apunta hacia un público profano en tango; de allí el deslumbramiento inmediato de ese público. En contraposición total, se sigue manteniendo, con su voz fresca (pese a que en 1981 cumplirá setenta años) y su sensibilidad, Nelly Omar. Una intérprete que ha reencontrado la cima, luego de años de inactividad o de retracción. Afortunadamente para el amante de lo popular, ha vuelto.

Quizás el punto medio entre ambas sea Virginia Luque. Heredera de Azucena Maizani, su voz transmite una profunda emotividad. En marcos orquestales algo sofisticados, la intérprete resiste cualquier prueba vocal, por dura que sea, lo que demuestra su ductilidad para abordar cualquier repertorio.

La renovada Nelly Vázquez (que ha tenido sus mayores éxitos en diversos países de Sudamérica), con un acento similar al de la Rinaldi, también ha ganado el favor popular. El reverso de la moneda es la surgente Josefina, quien luego de lanzar a la venta su primer LP, cultivando una temática tradicional, aguarda ser "descubierta" por el gran público.

No puede soslayarse el nombre de Gloria Díaz, permanente grabadora de éxitos, con continuas incursiones en la televisión. Ni el de María Garay, tal vez la voz mejor dotada de todas las intérpretes femeninas. Ni de Rosanna Falasca, quien luego de su consagración ante las cámaras de TV mantiene su popularidad a través de discontinuas apariciones. Ni de Graciela Susana quien -huelga comentario- ha establecido un contacto directo con el Japón, ha fortalecido esa plaza y ha consolidado un estilo particular que hurga, más allá del tango, en otros ritmos tradicionales.

El futuro también tiene nombres propios: son María Graña, María José, Simonette, Isabel Gil Arenas, Gigi De Angelis, Roxana Morán, Cristina Viñas, Mariel Córdoba, María Teresa. Todas ellas aguardan también su "gran" momento, tal como lo han tenido las consagradas que siguen activas: Olga Delgrossi, Blanca Mooney, Nelly Duggan, Ruth Durante, Rosita Quintana, Beba Bidart y otras.

¿Qué música nos depara la década del ochenta? Es evidente que la influencia de Piazzolla abarca a todos. Son muy escasos (se diría que se cuentan con los dedos de una mano) quienes se evaden del influjo del bandoneonista que revolucionó las estructuras musicales del tango. Por eso, no es descabellado asegurar que los principales cultores de este género serán aquellos que bordeen el estilo piazzollano, tal como se viene realizando en los últimos años.

Hasta el puntal del tango costumbrista, el máximo exponente de una música que ya no pretende ser bailable, el gran eslabón entre dos generaciones, Osvaldo Pugliese, tiene reminiscencias del creador de "Nonino". Negarlas sería inútil. No obstante, el pianista sostiene, con su estilo "yumba", con su marcación rítmica única y exclusiva, la vigencia de un tango rico en valores musicales.

¿Otro con el arrastre de Pugliese? Habría que buscarlo en otra vereda: es Héctor Varela. Sus composiciones no pretenden tener el "fuego sagrado" de los creadores. Desde ya, no tiene ni pizca de Piazzolla. Varela, con una fórmula sencilla, con un ritmo bien delineado y un repertorio pegadizo, ha tenido inmediata aceptación en el gran público. Ha atraído gente tal vez como ningún otro. Ha trascendido.

Con algo de Vivaldi -y otro tanto de otros músicos de escuela-, Atilio Stampone se ha alejado de las partituras originales para darle vuelo a su imaginación y a su talento. En muchas de sus grabaciones aparece también el notable ejecutante de piano, en solos que también permiten el lucimiento de violines.

Dos duplas directrices han encontrado al fin su brújula. La conjunción Ernesto Baffa-Osvaldo Berlingieri (en realidad, desde hace varias temporadas sostienen una línea definida) y la orquesta de Leopoldo Federico (con José Colángelo), con un LP editado en 1980 que los encuentra en "su" lenguaje.

Subsiste también quien -sea en grabaciones como en presentaciones masivas- ha tenido menos adherentes entre el gran público, infortunadamente: Horacio Salgán. El excepcional pianista, poseedor de un estilo apasionante (ya que hurga en las posibilidades expresivas de la composición sin desvirtuarla), pese a sus arduos años de labor -y pese al notable afiatamiento logrado con otro virtuoso, el guitarrista Ubaldo de Lío-, sigue esperando que lo redescubran.

Entre los renovadores, se extiende la inactividad de Rodolfo Mederos, mientras que se desconoce el camino que transita otro bandoneonista, Juan José Mosalini. No es el caso de Osvaldo Piro, cuyo éxito es ya indiscutible. De más está decir que tanto el Sexteto Mayor (Mario Abramovich, Mauricio Mise, Enrique Díaz, Juan Mazzadi, y sus conductores José Libertella y Luis Stazo), como el Sexteto Tango (Osvaldo Ruggiero, Víctor Lavallén, Oscar Herrero, Emilio Balcarce, Julián Plaza y Alcides Rossi) ya tienen un sitial bien ganado dentro del favor popular. Así como lo tienen el notable bandoneonista Néstor Marconi. Con su trabajo de años, y sus éxitos imperecederos, prosiguen con suerte dispar Armando Pontier, José Basso y Alfredo De Angelis.

La faz autoral del tango se sostiene con los mismos pilares que la elevaron años atrás: Eladia Blázquez (fundamental), Horacio Ferrer (quien además ha volcado sus experiencias en un libro de notable perfección editado en Francia), Chico Novarro (cuando no se dedica al género melódico), Héctor Negro, Juanca Tavera, y -en la faz compositiva- Osvaldo Tarantino, Raúl Garello, Daniel Piazzolla, Héctor Stamponi y otros.

Este es el tango de hoy, 1980. El tango que espera ser perpetuado. El tango que busca un lugar dentro de la historia. Una historia que ya lleva un siglo de existencia, y que aún tiene muchas páginas en blanco para ser llenadas.

Nada se repite en esa historia: todo se sucede. En 1980 las condiciones para difundir el tango son diferentes de las que existían cuarenta años atrás. Por eso la música es distinta. Por eso sus exponentes han creado un lenguaje musical poco común para el ciudadano mayor de cuarenta años. Pero es que Buenos Aires está creando "su" idioma para las nuevas generaciones.
 
Y si el bandoneón de Piazzolla suena distinto que el de Maglio, si el piano de Salgán ya no es el mismo que el de Carlos Vicente Geroni Flores, si Antonio Agri no tiene puntos de contacto con Tito Roccatagliatta, es porque esta ciudad, que ha consagrado a todos ellos, los ha aplaudido con unción, sigue su marcha. Y cambia todos los días. Como sus nombres... Como está, cambiando hoy su música: el tango.
 
Publicado en "Tango-100 Años de Historia" - Vol. II, Abril 1992 (Págs. 753/763). 

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