10/9/11

Nelly Omar - 100 gloriosos años

por Diego Jemio - 29-07-2011


Nelly Omar

"Tengo las manos hinchadas. Mirá cómo están…". Extiende los brazos como quien toma distancia para formar fila en el colegio y muestra esos dedos largos, llenos de manchas y de venas gordas y azules que corren como un río. En septiembre cumplirá 100 años, pero ella dice que no está del todo bien, que tiene que buscar los lentes y que a veces se cansa al leer. Cuando lo cuenta, se fastidia no por el dolor sino por la incomodidad que le genera.

Cantante, compositora y actriz, Nelly Omar es la vieja más vieja del tango argentino. Una suerte de leyenda viva de este género que hoy es for export, pero que cuando ella comenzó era reducto carcelario y de mala muerte. En un mundo de hombres, ella fue aviadora amateur, amiga íntima de Eva Duarte de Perón, amante fervorosa de cantores de tangos –como Homero Manzi- y personaje prohibido a raíz de su apoyo al peronismo.





Ahora, Buenos Aires le prepara un gran homenaje para su cumpleaños en el mítico estadio Luna Park del centro porteño. Lejos de todo eso, sin preocuparse por el recital y atendiendo pocos de los llamados que recibe, Nelly está sentada en su modesto departamento del barrio porteño de Palermo. Le dice al fotógrafo que la saque como "una piba de 20 años". Invita a agua, muestra los premios que ganó y comienza a hablar sin que le pregunten. La mayoría de los personajes que nombra forman parte de la historia argentina del último siglo. Son músicos, poetas, políticos, intelectuales… Y todos tienen algo en común: están muertos. No debe ser fácil vivir tanto. No debe ser fácil soportar la soledad del inmortal.

Nelly habla sin dilaciones. Si alguien cerrara los ojos y no viera esa cara arrugada como una nuez, tendría la impresión de que la protagonista es una mujer que vivió algunos años, que tuvo sus experiencias. Pero jamás diría que es centenaria. "El mío era un pueblo como todos los pueblos. Tenía una iglesia, una municipalidad y su plaza. Había una laguna de la que se sacaban pejerreyes hermosos. Éramos cinco varones y cinco mujeres. Yo soy la séptima. Pero ahora, no queda nadie. Sólo tengo una sobrina, pero nunca me visita".

Guaminí, el lugar donde nació, tiene hoy 2.000 habitantes. Es un pueblo agricultor y ganadero, a casi 500 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Buenos Aires. En ese registro civil, anotaron a la pequeña Nilda Elvira Vattuone –tal es su verdadero nombre– un 11 de septiembre de 1911.

Cuando tenía 11 años, se interrumpió lo que el lugar común llama "una infancia feliz". Su papá –todavía hoy habla de él con adoración– se estaba preparando para ir al Teatro Colón, que en esos años era el nuevo gran orgullo argentino por su tamaño y acústica. Se puso el traje negro y cuando quiso prenderse el cuello no pudo. Su mujer lo quiso ayudar y el hombre –testarudo capataz genovés– cayó redondo al suelo cuando lo intentó nuevamente. Luego de la muerte del único sostén, la familia entera se mudó a Buenos Aires y Nelly dejó el colegio para trabajar. Primero en una fábrica de medias y luego, en cualquier cosa.

La vida no era fácil en casa. En esos años, su hermana se hizo amiga de Carola Lorenzini, la primera mujer en obtener el título de instructor de vuelo en América del Sur. Las llevó un día a volar y su vida cambió. "Era lo mío. No sabe lo lindo que es volar", dice. Se para y saca de un estante un avión en miniatura que le regalaron en la Fuerza Aérea Argentina. "Es lindo, ¿no?".

A su madre no le hizo mucha gracia el oficio que quería abrazar Nelly. Con el tiempo, uno de sus hermanos la anotó sin consultarle en un concurso de canto. Ahí cambió todo. Claro que lo ganó. Claro que le hicieron un contrato y así comenzó a gambetear la pobreza a canto pelado. "Yo tenía 16 años. Ni me acuerdo cómo cantaba, pero para ellos tendría que haber sido destacada. Se cantaba así nomás, sin micrófono ni nada, a grito pelado". El concurso trajo un contrato en la radio por 180 pesos, algo que para ella era una fortuna.

Gardel y Evita

Con el tiempo, su nombre fue ganando espacio en las radios y en los recitales de aquella Buenos Aires de los años treinta y cuarenta. Era una ciudad repleta de cancionistas y de poetas, en plena ebullición cultural. Se componían, en aquellos años, algunas de las grandes obras que aún hoy se cantan para los turistas en espectáculos a 100 dólares la entrada. Nelly hacía repertorio propio y prestado; primero de folclore de Buenos Aires y luego puramente tanguero. En su casa, se escuchaba a los grandes tenores y a Carlos Gardel.

No es fácil encontrar en el Buenos Aires de hoy alguien que haya conocido a Gardel. A veces, da la impresión de que no existió. Todos hablan de él, sus obras se siguen escuchando y los nostálgicos dicen que "cada día canta mejor". Nelly lo conoció y recuerda. "Mi papá era amigo de Gardel. En una gira que hizo, vino a mi pueblo y mi papá lo hizo cantar en el Teatro del Prado. Cuando terminó la función, vinieron a casa. Estaban en el hall, pero los chicos –yo tendría unos cinco años- no podíamos estar en esas reuniones. Tengo la imagen a través de la cerradura. Vi un balde con una botella y vi a un señor gordo, de traje, con un peinado con raya al medio. ¡Era Gardel! Luego, lo seguía en los teatros y en el cine". Nelly está recordando algo que pasó en 1916 y lo cuenta con lujo de detalles. Al rato, dirá que se olvida de las letras que tiene que cantar en el Luna Park. Al escucharla, es difícil dejar de pensar en el carácter selectivo y misterioso de la memoria.

También habla con mucho cariño de "mi amiga Evita", esposa de Juan Domingo Perón y una de las figuras más influyentes de la vida política argentina del siglo XX. Se conocieron en los años cuarenta, en un aeroclub en la localidad bonaerense de Quilmes. "Las dos veníamos de la radio y ella todavía no conocía a Perón. Nos hicimos muy amigas. Un día, ella me dijo: 'Vamos a hacer una confidencia. Yo te quiero contar cómo fue mi vida triste. Y vos me contás la tuya, pero queda entre nosotras'. Así fue. Las dos respetamos el pacto".

La amistad con Evita le dio trabajo en los festivales oficiales del peronismo –primero ad honorem– y luego contratos en horarios centrales en las mejores radios. "Alguna vez, ella me preguntó por qué estaba tan flaca. 'Será porque no trabajo tanto', le contesté. Después de eso, ella me puso en emisoras en las que me preguntaban cuánto quería ganar. Me parecía que estaba soñando. Ahí llegó mi nueva vida. Le debo mucho a Perón y a Evita. Ellos querían ayudar al pobre, al pobrerío, a los viejos… Ella tuvo la idea de país y él armó todo".

Esa nueva vida de Nelly incluía trabajos bien remunerados, una casa quinta de diez hectáreas con chofer y siete empleados a su servicio. Pero así como la infancia feliz quedó trunca, los años de fama y dinero también. A mediados de los cincuenta, un golpe de Estado derrocó al entonces presidente Juan Domingo Perón. Con el nuevo Gobierno de facto, muchos artistas fueron inscriptos en listas negras por apoyar al peronismo. Entre ellos, estaba Nelly Omar, que primero se exilió en Uruguay y luego en Venezuela. En total, estuvo 17 años sin poder trabajar con continuidad. "Tuve que vender el piano, mi casa, todo… Entraron cinco militares con armas a mi casa. Yo sufrí horrores", recuerda. Y se le espejan los ojos celestes. Se la acusaba de ser peronista. Uno de sus delitos fue haber grabado la canción La descamisada, creada en 1955 para apoyar la candidatura de Perón a la presidencia. "Soy la mujer argentina, la que nunca se doblega, y la que siempre se juega por Evita y por Perón", cantaba Nelly.
***
Luego de casi un mes de charlas telefónicas, Nelly aceptó conceder una entrevista, pero dijo que prefería hacerla en un bar. "Mi casa me intimida", se excusó. Quizá le da cierto pudor la austeridad de este piso de un dormitorio, sin empleados y rodeada de discos y libros viejos. Finalmente, terminó acordando la charla en su lugar. Cuando habla de la proscripción, se le borra la sonrisa de los primeros minutos, la de la broma con el fotógrafo. Y desaparece la Omar que dice que nunca tuvo problemas para moverse en un ambiente tanguero sexista. Aparece entonces la otra Nelly, la que piensa que no es tan fantástico llegar a los 100 años. La mujer a la que –con razón– le pesa el tiempo y, sobre todo, los amores perdidos.

"Me casé la primera vez en el 35 para irme de mi casa, pero me ensarté. A los dos meses ya estaba separada, pero viviendo bajo el mismo techo. Estuve así ocho años. En esa época, la gente no se separaba. Y cuando decidí romper con ese desgraciado, mi familia estuvo cinco años sin hablarme. Él era un maricón de mierda, al que todo le importaba un bledo. Era un malandra". Cuenta que después se casó con el compositor de folclore Aníbal Cufré, que tenía una familia paralela en la provincia de San Luis. "Yo estaba enamorada de él, hasta que un día me enteré de todo por un telegrama. Ese mismo día lo eché de patitas a la calle". "El que sí fue buenísimo conmigo fue Héctor Oviedo. Un hombre excepcional, con el que me hubiese quedado toda la vida. Yo tenía 25 años más que él", se ilusiona y mira hacia el balcón de su piso catorce. Pero justo el hombre al que más quiso se murió de un cáncer.

Si hay algo que abunda en el mundillo del tango de aquellos años son las historias de amor. Son todas apasionadas, con mujeres despechadas y hombres tan cobardes como brillantes para escribir canciones. Todos conocen la historia de amor entre Francisco Canaro y Ada Falcón. Él estaba casado, pero amaba a la cancionista. Cuando ella supo que nunca sería suyo, regaló todos sus bienes y fue a recluirse en un convento en las sierras de la provincia de Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Nelly Omar fue, durante muchos años, "la otra" de Homero Manzi, ese genial letrista, político y director de cine. Para la familia Manzi, ella es mala palabra y en una película biográfica que hicieron no aparece mencionada. A Nelly le importa tan poco…

-- ¿Manzi fue el amor de su vida?
-- No, yo fui el gran amor de él. No sabía qué hacer para seducirme y yo no le daba bolilla. Una vez, cuando volvió de México, me trajo una valija llena de joyas, oro y diamantes. Me salió la Nelly Omar y le dije: "¿Vos qué te creíste? Pensás que me vas a comprar con toda esa porquería. Llevásela a tu mujer y hundite con ella". Quería que se mate, que se muera, no me importaba nada. Él había prometido separarse y no lo hizo. Después me mandó a buscar cuando se enfermó.

-- ¿A usted le dedicó el tango Malena?
-- Claro, ¿a quién más se lo iba a hacer? Estaba loco por mí.

Homero Manzi compuso la letra de Malena en 1941. "Malena canta el tango como ninguna y en cada verso pone su corazón. A yuyo del suburbio su voz perfuma, Malena tiene pena de bandoneón…", comienza el tango, uno de los más interpretados de la historia del género. Hay dos leyendas. Una dice que Manzi se la dedicó a una mujer que conoció en Brasil. Y la otra que fue a Nelly, con quien mantuvo un romance que era un secreto a voces en el ambiente. A esta altura, nada importa. Omar y el tango están en esa etapa en la que mito e historia se mezclan en partes iguales.

"A mí me importa un bledo que Manzi me haya hecho o no Malena. ¿Sabés qué hizo cuando estaba enfermo? Le pidió al médico que liberara el hospital de parientes y me citó una noche a las cuatro de la mañana. No quería soltarme la mano. Su mujer me odiaba. 'Antes que verte con ésa, prefiero verte muerto', le decía. Y hacía caso el muy cobarde".

Nelly Omar no tuvo hijos y tiene solo una sobrina que no la visita nunca. Dice que no se podía quedar embarazada –"ni con uno ni con otro"– y que nunca le preocupó demasiado ni se hizo ver por los médicos. "Será el destino, no sé…".

-- ¿Y se enamoró de nuevo?
-- Hace dos años. ¿Podés creerlo? Enamorarme a los 97 años. Es un taxista más joven que yo y pertenece a otra cultura..
-- ¿Cuál es el problema con eso?
-- Es evangelista y ellos no se casan con los que no son de la misma rama. Yo creo que él me quiere porque no me deja. Me llama todas las mañanas y cuando tengo que salir lo llamo para que me busque. Intento no buscarlo mucho. Si no me ama, ¿para qué insistir, no? Me hago daño yo también.
-- ¿Siente que tuvo suerte en el amor?
-- No, no tuve –lo dice tan compungida, lo dice con palabras que son un lamento, como si en ese momento los amores se fracturaran y salieran disparados en varias direcciones a la vez; en direcciones que, claro, nunca son la suyas–. Yo hubiera sido una mujer muy fiel con un hombre, pero no pude. A uno lo eché, el otro se murió y Manzi no se quiso separar para estar conmigo. Siempre quise amar,pero no se dio. Quizá la felicidad no se hizo para mí.
***
Es lunes a la tarde en Buenos Aires. El cielo es sepia y en unas horas estas calles estarán semivacías. Se escucharán, a lo lejos y con sordina, el ulular de las sirenas tan típicos de las urbes inmensas y sórdidas. La rutina de la mujer a la que apodaron "la Gardel con polleras" es muy sencilla. Se acuesta temprano y se levanta al alba. Una mujer la ayuda con las tareas de la casa y ella se pasa el día leyendo y escuchando viejos discos. A veces, cada tanto, sale al dentista o llega alguien a visitarla. Al correo de su casa le llegan invitaciones que siempre rechaza. "Mis amigos más cercanos se murieron ya. Y los que quedan están grandes: ya no se puede contar con ellos", se lamenta. el Buenos Aires tanguero espera que cumpla 100 años, tal vez por esa obsesión estúpida de los números redondos y para alimentar el mito. Ella, lejos de todo, dice que el tango se bastardeó, que los cancionistas suenan todos iguales. Y que el consejo para llegar sana a la vejez es "comer y caminar poco, dormir mucho y alimentarse con la lectura". Por momentos, da la sensación de que Nelly Omar está cansada de llevarse puesta.

-- ¿Fantasea con la muerte? ¿Le seduce la idea de que todo se termine?
-- Estoy deseando que llegue porque yo soy inútil, pese a que todavía puedo cantar. Todos están hablando de mi cumpleaños y del Luna Park. ¿Sabés qué tengo ganas de hacer? Esconderme en algún lado durante esos días y que nadie me encuentre. Una mujer que piensa como yo, que habla como yo, no puede terminar sus días sentada en una silla. Pero la gente nunca ve más allá. Todos dicen: ¡Qué maravilla, qué bien que estás! Piensan que es una bendición, pero es una desgracia que la cabeza te carbure tan bien. No es fácil vivir como yo, con la cabeza tan clara. Los años te echan a jorobar. La gente no sabe nada y cada vez me aburren más las cosas que dicen. Todos hablan de lo caro que está el mercado y nadie te cuenta sobre el último libro que leyó. Hay otras cosas además de cantar. Vos actuás una hora y la gente no se acuerda más de vos. Cuando terminás, volvés a tu casa y estás sola.

-- ¿Y quién le gustaría que la reciba en casa?
-- Alguien que me ame y que después de un concierto me diga: "Nelly, qué bien estuviste". Tomaríamos un té y seríamos felices. Pero es demasiado tarde para todo eso.


http://www.fronterad.com/?q=node/3657

16/6/11

Discografía de Julio Martel

Con la O. T. de Alfredo De Angelis
Estudios Odeón-Argentina - Años 1943/1950

01 Qué buena es (Glosa Néstor Rodi) [23-07-43]
02 Buenos Aires de ayer (M) (Glosa Néstor Rodi) [10-08-43]
03 Ya sé que siguen hablando [29-02-44]
04 De igual a igual [31-07-44]
05 Soñar y nada más (V) (Dúo C. Dante) [29-08-44]
06 Campanita [10-10-44]
07 Parece un cuento [23-11-44]
08 Va llegando gente al baile [18-12-44]
09 Pregonera (Dúo C. Dante) [26-03-45]
10 La mañana (M) [09-01-45]
11 Acordes porteños [04-05-45]
12 Altar sin luz [08-06-45]
13 Un tango y nada más [17-07-45]
14 No... no me abandones [17-07-45]
15 Por eso grito [10-08-45]
16 Rendido [11-09-45]
17 Ivón [30-10-45]
18 Del pasado (M) (dúo C. Dante) [13-11-45]
19 Aquí he venido a cantar [13-12-45]
20 Pobre flor (Primera ilusión) (V) (dúo C. Dante) [07-01-46]
21 Hoy al recordarla [01-13-46]
22 Y no volvió [29-03-46]
23 El mayoral del tranvía (M) [26-04-46]
24 Esa noche (V) [24-06-46]
25 Remolino (dúo C. Dante) [24-05-46]
26 Melodía gris [11-07-46]
27 La vida me engañó [23-08-46]
28 Tiene razón amigazo [23-08-46]
29 Rosicler [07-11-46]
30 Jirón porteño (Oro muerto) [29-11-46]
31 Yo también carrero fui [13-12-46]
32 Adiós marinero (dúo C. Dante) [27-12-46]
33 Chorra [27-12-46]
34 Yo también reí [20-03-47]
35 Entrá sin miedo hermana [23-04-47]
36 Sigan tomando muchachos [06-05-47]
37 Flores del alma (V) (dúo C. Dante) [03-07-47]
38 La novia ausente [06-06-47]
39 Cien guitarras (M) (dúo C. Dante) [03-07-47]
40 A Magaldi (V) (dúo C. Dante) [21-10-47]
41 Fruto dulce (dúo C. Dante) [1947]
42 Por quererte te perdí [1947]
43 La pastora (dúo C. Dante)  [16-04-48]
44 Pa´ que te voy a contar (M) [16-04-48]
45 Selecciones de Enrique S. Discépolo (dúo C. Dante) [11-06-48]
46 No te perdono más [23-11-48]
47 Una carta [17-12-48]
48 Bajo Belgrano [20-04-48]
49 Mi cariñito (V) (dúo C. Dante) [12-05-49]
50 El ciruja [02-06-49]
51 Atenti pebeta [16-08-49]
52 Misa de once [14-10-49]
53 La limosna [13-12-49]
54 Carro viejo [13-12-49]
55 Sos bueno vos también [28-03-50]
56 No vuelvas María (V) (dúo C. Dante) [19-04-50]
57 Adiós muchachos [1950]
58 El Santo de la Espada (V) [07-06-50]
59 Virgen de la serranía (dúo C. Dante) [1950]
60 Selecciones de Enrique Delfino (dúo C. Dante) [1950]
61 Como la Caperucita (dúo C. Dante) [1950]
62 Tus palabras y la noche [12-12-50]

Con la Orquesta Puglia-Pedroza
Estudios Sondor-Uruguay - Año 1952

63 Nacional

Con su Orquesta Dirigida por Américo Podestá
Estudios Odéon-Argentina - Año 1956

64 Lechuza [05-06-56]
65 Pobre colombina [05-06-56]
66 Por qué no has venido  [22-06-56)
67 Fueron tres años [22-06-56)
Con su Orquesta Dirigida por Enrique Méndez
Estudios Sonolux-Colombia-Año 1957
68 Quemá esa cartas (V)
69 Lechuza
70 Te estaba esperando
71 Pocas palabras 
72 Esta noche me emborracho
73 Los ejes de mi carreta (M)
74 Y todavía te quiero 
75 Por qué no has venido
76 Altar sin luz
77 Pobre colombina 
78 La vida me engaño
79 Chorra
80 Se dio mala
81 Tu boca mintió
82 Pa' que te voy a contar (M)
83 Calla
84 Un tango y nada más
85 No te perdono más
86 Carro viejo
87 De igual a igual
88 Petitero

Existe una Toma Radial del  "Glostora Tango Club " del tango Violetita

Filmografía

1949  "El cantor del pueblo "
Reparto: Roberto Quiroga.
Interpreta junto a Carlos Dante el tango "Pregonera" acompañado por la Orquesta de Alfredo de Angelis

1950  "El ídolo del tango "
Reparto: Julio Martel, Graciela Lecube, Héctor Ferraro, María Esther Buschiazzo.
Interpreta acompañado por la Orquesta de Domingo Federico los tangos: "De igual a igual", "No tiene importancia" y "Comencé jugando".

Miguel Recuerdo.

31/5/11

Julio Martel - De Igual a Igual VIII

Quiero también agregar algo más que ocurrió en la vida de Julio Martel. Hace ya un tiempo, recibí el diploma de "Académico de honor" por la Academia Nacional del Tango, en los salones del Café Tortoni, donde fue para mi emocionante que me entregara el diploma personalmente el intendente de Vicente López, Enrique García.

Vengo regresando de Chile, pueblo muy tanguero. Me parece mentira que después de tantos años siga la gente recordando nuestro pasado. Se lo tenemos que agradecer a todas las audiciones que difunden nuestra música, a todas las mujeres y hombres que dirigen esas audiciones, gente que ha llamado de varias radios para hacerme reportajes, y así enterarse de las novedades sobre el tango en Buenos Aires, y saber qué era de mi vida, ya que yo dejé de cantar muy joven y tenían la curiosidad lógica. También me ocurrió algo que creo, tengo que destacar. El Ministro del Interior, Enrique Kraus, le encargó a dos periodistas que, de cualquier manera, me ubicaran, ya que me quería invitar a la Casa de Gobierno. Allí me quedé asombrado por la atención recibida. Debía pasar por una serie de oficinas antes de llegar a la del Ministro, y cada vez que pasaba por cada una, los carabineros me anunciaban y se cuadraban. Ya sabían que el Ministro me esperaba. Al llegar a su despacho, me quedé asombrado por la cantidad de fotógrafos que se encontraban presentes. Nos sacaron muchas fotografías con el Ministro. Agradecí su atención y nos quedamos largo rato conversando sobre el tango, ya que él pertenece a la Academia del Tango en Chile. Fue una reunión muy importante.

Tengo que destacar también en Chile otra importante invitación. Existe allí un lugar declarado histórico, se trata de una confitería que data del año 1867, se llama "Confitería y Restaurant Torres", famosa en Santiago. Hay una comisión encargada de recibir a todos los personajes importante que visitan Chile: presidentes, ministros, artistas populares del mundo. Tienen un libro muy importante, que es el que firman todos los visitantes. En ese libro, vi una firma con su dedicatoria del presidente Carlos Menem. Me hicieron esa invitación para pedirme que firmara el libro con una dedicatoria y así lo hice. Me hicieron sentir un tipo importante. Allí concurrí con mi hermano Pablo (actualmente radicado en Chile) y algunos amigos, que también se sintieron muy felices en ese acto. Son las lindas cosas que nos da la vida.

Me ví obligado a volver urgentemente a Buenos Aires, ya que al otro día en San Isidro, se inauguraba una filial del Centro Cultural para la toda zona norte. No podía faltar de ninguna manera, pues me entregaban un diploma nombrándome representante de la academia en el Partido de Vicente López.

No quiero terminar este recuerdo sin rendirle homenaje a un gran amigo que nos dejo hace unos años y que si no hubiera sido por él, esta nota hubiera sido mi mensaje póstumo, porque en un momento me sacó del pozo por un problema de salud: Dr. Parodi, con mi recuerdo, muchas gracias!

Qué llegue mi gratitud a todos los tangueros que difunden nuestra música a través de los discos en sus audiciones de tangos. Y a todos los oyentes mi gratitud por tantos buenos recuerdos, y por los "Chau Julio!" cuando alguna vez paso por la calle y alguien reconoce a este Julio Harispe, al "Julio Martel" de los tiempos idos.

Julio Pedro Harispe (desde Don Torcuato, Buenos Aires, Argentina - Año 2009)

(En la foto con Armando Moreno y Don José Razzano)

Miguel Recuerdo.

22/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - VII

Voy a continuar con el relato de mi vida después de dejar de cantar. Teníamos un peladero de aves y lechones, en el que me puse a trabajar al otro día de dejar el canto, o sea, algo había que hacer, no había otra.

Al poco tiempo, con lo poco que me quedaba de plata, compré una camioneta y entré como contratista en Segba. Llevaba a los reclamistas que eran los que reparaban los fusibles quemados en las casas, yo para hacer un mango mas, trabajaba los dos turnos, o sea 14 horas por día. Dejé la compañía después de varios años, pues entró una empresa particular que me quería cobrar una comisión y consideré que no correspondía que un hombre le tirara la cafiola a otro, y me retiré. Al poco tiempo consigo en una agencia de fletes en Munro, trabajar de fletero, un trabajo muy de suerte, porque en una de esas después de hacer la cola 2 horas, te tocaba llevar una heladera por varias cuadras, hacer de peón bajando la heladera, volver a la agencia y volver a la cola.

Hay en Florida una empresa muy importante que es la empresa "3M Argentina", y por suerte siempre me pedían de dicha empresa para hacer los fletes. Un día, el ingeniero jefe, me propone quedar efectivo. Me quede durante 27 años, en la compra de mantenimiento. Un trabajo de estar en la calle durante casi todo el día, eso me gustó, y además la confianza ilimitada que me tuvieron durante tantos años.

Un día, el intendente de Vicente López, Enrique García, me manda llamar porque quería hablar conmigo. Me ofrece un puesto en el Municipio, en compras y me presenta en su despacho a todos sus secretarios, como amigo de toda la vida y hombre de absolutísima confianza -creo que por mis antecedentes de tantos años en las compras de "3M Argentina"-

Tiempo después, el municipio compra el Cine Astral de Munro, con el fin de formar en ese lugar el Centro Cultural Municipal de Munro. Fuimos nombrados madrina Olguita Zubarry y yo como padrino. Fue para el pueblo y para todos nosotros un acontecimiento muy importante, ya que este centro cultural fue bautizado como homenaje a ese gran hombre que fue Luis Sandrini. Concurrieron casi todos los artistas del cine y de la radio. También estaba Malvina Pastorino, con sus hijas. Esta fue la última salida de Malvina, ya que al poco tiempo falleció.

Pasa el tiempo, y me manda llamar nuevamente el Intendente Enrique García. Me dice entonces: "No te podés negar ahora, te necesito como director en el Centro Cultural"

Me pidió que organizara espectáculos artísticos los sábados y los domingos, con entradas libres y gratuitas. El pueblo, encantado con la idea. Fue algo maravilloso, la sala tiene 1.000 localidades. La gente hacía hasta dos cuadras de cola y quedaba chica la sala. Diré también que les he llevado números artísticos de primerísima línea, que era lo que yo consideraba que el pueblo se merecía.

Hoy ya no estoy en ese cargo, pues en Intendente consideró que era mucho trabajo para mí, y me quería al lado de él. Me nombró entonces, asesor cultural, y mi tarea consiste en representarlo en los lugares en los cuales el no puede concurrir. Generalmente le hablo al público, pidiendo las disculpas en su nombre.

Quiero referirme a lo escrito al principio en estas notas, cuando llegamos de Baigorrita a Caseros. Los corderos que compraba mi padre en La Tablada, se remataban por lotes en una cantidad importante, y con mi hermano Martín, los veníamos arreando hasta Caseros. Todavía ese pueblo pertenecía al partido de San Martín. Yo, en el arreo, venía en el carro para cargar en él a los corderos que se caían cansados. Eran bastantes kilómetros hasta mi casa.

Al llegar, ya comenzaba la carneada para llevarlos al otro día a la feria para la venta. Al poco tiempo mejoraron las cosas, y mi padre consigue una playa en el viejo matadero de San Martín. Para ese trabajo de matarife, junto con mi hermano Martín, arreábamos los corderos desde mi casa, en Avda. San Martín al 2500, a 25 cuadras de la estación de Caseros, mas la distancia hasta el matadero. De manera que llegábamos con un hambre tremenda – ahora se darán cuenta porqué viene todo esto a mi recuerdo-. En frente del matadero, había un boliche muy viejo, donde nos hacían unos sándwiches de mortadela, de fetas gruesas cortadas a cuchillo (claro, en aquel boliche no había cortadora de fiambre).

Ahora viene la parte de mi emoción. Por iniciativa del Intendente de San Martín, Arquitecto Libonati, y la secretarías de Cultura de este municipio, me honraron con un homenaje que para mi será inolvidable. Me entregan el "San Martín de Oro" y al mismo tiempo colocan en una de las esquinas de la plaza, una plaqueta nombrando esa esquina como "Esquina Julio Martel", precisamente la esquina de aquel viejo boliche, que por supuesto ya había desaparecido... Al dirigirme al público, muy emocionado, no pude dejar de recordar, ese pasado... esas historias... finalizando mis palabras con: "que iba a pensar aquel pibe del tiempo de aquellos sándwiches de mortadela, que alguna vez le iba a ocurrir vivir esta emoción que ustedes me están regalando!"

Fue tan grande el aplauso... y la gente de pié, que lo recordaré toda la vida: gracias... muchas gracias al pueblo de San Martín...! Tampoco puedo dejar de agradecer a mi pueblo de Munro por honrarme poniéndole mi nombre a una plaza: gracias pueblo de Munro...!
(redactada por Julio Martel)

Miguel Recuerdo.

20/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - VI

Ya en Buenos Aires, hice varias actuaciones en Radio Argentina con Roberto Zamora, acompañado con guitarras en un horario muy importante a la noche con mucho público presente. Nunca en mi vida había recibido tal cantidad de cartas como en esa popular audición de las 21 horas.

Luego hice algunas giras acompañado por una gran persona que era Nicolás D’ Alessandro, gran persona.

Recuerdo en este momento una anécdota de ese tiempo. En la noche anterior a lo que me pasó, habíamos tenido un baile con mucho público. Pasaron en un taxi dos muchachones y me saludaron: "Chau Julio!", desde el taxi.

Al otro día me llevan preso. Resulta que esos dos tipos roban el taxi, maniatan al chofer, el chofer se libra de las ataduras y hace la denuncia diciendo que me habían saludado creyendo él que por eso eran amigos míos. Con las preguntas lógicas del jefe de policía, me preguntó quienes eran mis amigos del taxi y si no eran mis amigos, porqué los había saludado. Quise hacerle comprender al jefe, que éramos gente conocida y mucha gente en la calle nos saludaba sin saber nosotros quienes eran – hasta aquí anduvo bien -. Hasta que me pidió los documentos. Cuando vio mi verdadero apellido "Harispe", se puso furioso y me gritó que yo le estaba mintiendo que no me llamaba "Martel". No había manera de hacerle comprender que era el apellido artístico. Así que tuvieron que venir los muchachos de la orquesta, y algunas personas del público y así se solucionó mi anécdota casi risueña.

Yo, ya tenía en ese tiempo la idea de largar. Fue en el mejor momento del éxito y consideraba que la etapa ya estaba cumplida. Quería hacerlo por el respeto a la gente que nos había llevado a ese lugar, para que quedara el recuerdo de lo que había sido ese tiempo lindo para todos nosotros. También para la familia: mi señora Pety, mi hija Julita con mis nietos Nacho, Romina y Akash, y mi hijo Martín y su señora Valeria, y su hija Melisa.

Me viene en este momento a la memoria, el recuerdo de un gran personaje de Buenos Aires que fue Julián Centella – el hombre gris de Buenos Aires -. Nos dimos un abrazo en la calle Lavalle, y como sabía que yo no cantaba más, me preguntó si era feliz. Le contesté: "Soy feliz, fui y deseo que todo el mundo sea feliz".

Me contestó : "Estas condenado a ser feliz" , con esa forma tan particular de decir él las cosas. Será recordado con cariño por todos nosotros. Y no es por vanidad, créanme, que Julián tenía razón al decir que estaba condenado a ser feliz, porque gané tiempo al decidir retirarme ya hace tanto tiempo, que formé la encantadora familia que me acompaña en mi vida, una gran riqueza en la cantidad de amigos, el orgullo de mi pueblo de Munro, que me concedieron el honor de ponerle mi nombre a una plaza de ese pueblo, "mi pueblo". Yo siempre repito lo que dice ese gran personaje que es Alberto Castillo: "Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy". Que me perdone Alberto Castillo.

Yo deje de cantar, pero no dejé de querer ni al tango, ni a sus intérpretes que aún pasado muchos años sigo manteniendo mi amistad y mi respeto por todos ellos. Respeto tanto al tango que en un reportaje que me hizo por radio Héctor Larrea me preguntó: "Julio, por qué no canta más?" y le contesté: "Prefiero que me pregunte porqué no canto más a que me pregunte: Julio, porqué sigue cantando?"

A Héctor le causó mucha gracia y siempre lo repite.

(redactada por Julio Martel)

Miguel Recuerdo.

18/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - V

Tras la desvinculación entonces vendí el coche en $ 26.000 y me fui a Montevideo. Era la única plata que me había quedado después de hacer cine, $ 5.000 por la película y lo que había ganado con Alfredo, que nunca supe realmente cuanto fue, ya que a Amura, nuestro representante que era quien nos pagaba, siempre lo tenía "pasado" con los adelantos que le pedía. La gente posiblemente estaba un poco equivocada con las cifras fabulosas que creían que ganábamos.

En realidad era más el éxito que el dinero. Además nuestra orquesta era cooperativa, pero Alfredo como director, retiraba de la entrada bruta un porcentaje importante ya estipulado y el resto lo repartíamos en partes iguales entre los músicos, Carlos y yo. De cualquier manera nunca supe exactamente cuanto gané, pero a pesar de no ser muy "prolijo" con la guita y tener pocos años, trataba de vivir la vida los más cómodamente posible, quizá como revancha a los duros tiempos que me habían tocado vivir desde chico. Esa es la razón por la cual Carlitos decía que yo vivía todo apresuradamente.

Como digo anteriormente, tras esa noche de amargura al no estar al lado de la orquesta en su debut en el Glostora, vendí el coche y con mi capital de $ 26.000 me fui al Uruguay. Lo hice derecho al Casino. Demás está decir que al otro día, estaba como cuando era caddie del golf.

En Montevideo, grabé un disco con la orquesta de dos muchachos, Puglia-Pedroza. El tango se llamaba "Nacional" y estaba dedicado al club de fútbol de ese mismo nombre y a la vez, lo transmitían los días de partido, como propaganda del club. A Montevideo me llama precisamente Juan Balatti, representante, diciéndome que Oscar Castagnaro, excelente amigo, se había desvinculado de la orquesta de Pugliese y había formado su propia orquesta. Además según Juan estaba todo Buenos Aires empapelado con afiches de la orquesta con Roberto Chanel y con mi nombre, esto sin haber hablado previamente conmigo. Me pareció que los músicos y Castagnaro no tenían culpa ninguna y volví a Buenos Aires. Debutamos en la confitería "Richmond" de Suipacha que en realidad era lo único que Balatti tenía seguro. Tuve la suerte, como digo, de haber actuado junto a Chanel, gran compañero, como así también Oscar y todos los músicos. Pero la cosa no marchaba, los trabajos no habían sido como Balatti me contara y entonces me separé de la orquesta, amigo de todos ellos y debuté en los comienzos de la televisión en Canal 7, con un tango teatralizado, "Madre hay una sola". Y tras esto me fui a Chile.

CHILE

El éxito que me acompañó en Chile fue realmente revitalizador. Los afiches con mi cara se veían hasta en los tranvías que cruzaban la ciudad. Debuté en el Rosedal y tras el debut al que habían asistido todos los muchachos del Matadero, me fui con ellos para conocerlo, y así nomás, como estaba, arremangándome los pantalones del smocking, me quedé hasta las seis de la mañana cantando y tomando con esos hermosos seres humanos que son los chilenos.

Tres meses actué en Chile y guardo siempre para esos hermanos tan queridos mi cariño y mi agradecimiento. De vuelta a Buenos Aires, formé mi propia orquesta dirigida por un gran amigo mío de pibe, de allá de Boulogne, Américo Podestá. Hicimos Radio Belgrano, teníamos bastantes bailes y la compañía Odeón nos contrata para grabar. Me decidí por "Lechuza", tango de Navarrine que había estrenado con Castagnaro y había gustado mucho, "Porqué no has venido?", tema que hacía Alberto Morán, del que siempre fui admirador, "Pobre colombina" que nunca había podido grabar y estrenara con De Angelis y "Fueron tres años", tango de moda en ese momento.

COLOMBIA

Y otra vez Néstor Rodi personifica un poco mi destino. Por su intermedio se concreta con una firma muy importante de Medellín, mi actuación en Colombia. El contrato tenía cifras fabulosas, pero nosotros no teníamos para el pasaje, de manera que Rodi arregló con una compañía de aviación, firmando un documento, comprometiéndose a girar el dinero en 15 días.

En ese viaje me acompañó Enrique Méndez, un bandoneonísta que luego acompañó a Libertad Lamarque. Yo salí de Buenos Aires con dólares que los terminamos de gastar en Panamá. Al llegar a Medellín, me esperaba el presidente de la compañía que había hecho posible nuestro viaje y con toda delicadeza nos ofreció dinero de ese país por si no habíamos cambiado. Aunque estaba sin un peso. Nos ubicamos en el mejor hotel y pasamos una semana bastante dura, la primera, pues mi contrato estipulaba que debía cobrar semanalmente. Yo respiré cuando entre la gente que esperaba nuestro arribo, vi a Osvaldito De Vicenzo, hermano de Roberto, nuestro gran campeón de golf. De cualquier manera, no tuve necesidad de recurrir a él, ya que a la semana cobramos y ya pasamos al frente, aún después de mandar el dinero de los pasajes. En Medellín grabé 20 temas y realmente fueron un suceso.

En ese entonces, ese gran tipo y amigazo que se llama José Manuel Moreno, dirigía y jugaba en Independiente de Medellín. Lo pasábamos juntos todo el tiempo. El comprobó como me trataba la gente en Colombia. Al entrar a la radio lo hacía ayudado por la policía militar lo mismo que al salir. José me esperaba con un auto en la calle y como yo vivía en un hotel a pocas cuadras de la emisora, la gente se corría hasta allí y no podíamos entrar. De manera que con Moreno teníamos que ir a hacer tiempo a algunos lugares conocidos por él, hasta que la gente que me esperaba en la puerta del hotel, se dispersaba. Medellín, donde solamente actué un mes, es uno de los recuerdos mas lindos que conservo de mi paso por esta actividad. Antes de partir de Colombia, me llamó Raúl Iriarte desde Bogotá para proponerme que uniera mi bandoneón a su orquesta e hiciéramos sociedad: le dije:

- "Mirá Raúl, es la primera vez que hago unos mangos fuertes y esta vez me los llevo, porque es la última cosa que pienso hacer cantando y quiero llevarme como una gran riqueza este recuerdo de lo que termina de ocurrirme en Medellín"

Desde Medellín y ya con mucha "comodidad económica", vinimos por tierra. Y de Buenaventura nos fuimos a Valparaíso en Barco, donde pasamos 15 días ya económicamente "cómodos" con todos los lindos amigos que por suerte sigo teniendo en esa linda tierra chilena que yo sigo queriendo tanto.

(redactada por Julio Martel)

Miguel Recuerdo.

17/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - IV

Siempre la gente del deporte, tanto boxeadores como jugadores de fútbol, estuvieron muy ligados al ambiente tanguero. Es así que en 1948, mi amigo Mingo Schiaraffia, compone una milonga que titula "Pa´que te voy a contar". Con Alfredo decidimos grabarla y mi muy querido Mingo, cuando cobró sus primeros derechos de autor, se apareció en mi casa con la mitad del dinero pues estimaba que yo al interpretar el tema de hecho era su socio. Me dio mucha risa, y también mucha emoción su gesto y me costó un trabajo enorme hacerle entender que yo no podía aceptar, pues ese dinero era exclusivamente suyo. Hermoso amigo Mingo, como tantos otros que siempre recuerdo: Casal, Berón, Mauré, Chanel. Morán, Marino, Fiorentino, Floreal, Podestá, Alonso, Raúl Iriarte, Jorge Durán, Armando Laborde, Oscar Larroca, Carlitos Vidal, Carlos Acuña, Horacio Quintana, Héctor Palacios, autor de "Ya sé que siguen hablando", Armando Moreno, Alberto Margal, Roberto Quiroga, el siempre "nene Rufino" y el admirado Alberto Castillo.

Y llega el momento de nuestra presentación en cine, precisamente al lado de Roberto Quiroga, de extraordinario éxito en ese entonces. Hicimos un pasaje en la película "El cantor del pueblo" que Quiroga protagonizara.

Poco tiempo después llega para mi el cine esta vez entrando por la puerta grande, ya que firmo contrato para filmar una película titulada "El ídolo del tango", junto a Héctor Ferraro un excelente actor, María Esther Buschiazzo, la madre buena de casi todas las películas de Sandrini, Graciela Lecube, como principal figura femenina y yo como protagonista de la película. La película fue un éxito de taquilla. También actuaban las orquestas de Osmar Maderna, Domingo Federico, Héctor y su Jazz, Oscar Alemán, Héctor Gagliardi, Julio Jorge Nelson. El filme tenía un contexto sencillo, humano y trataba de mostrar como vivía un ídolo de ese tiempo. La música era de Rodolfo Sciammarella y se trató de aprovechar el éxito de ese momento de mi actuación con Alfredo. Contrariamente a lo que hubieran deseado muchos en mi misma situación, yo rechacé una segunda película, pues el cine no me convencía.

Se filmaba muy temprano y nosotros por el trabajo de la orquesta no teníamos mucho tiempo libre y menos para dormir, de modo que fue mi debut y despedida de la pantalla grande. Además nunca fue mi intención ser actor. Simplemente me aboqué a leer el libro, a estudiar mi letra y decirla lo más naturalmente posible.

Quiero decir que por ese entonces me hice gran amigo de Julio Sosa que ya estaba haciendo un capote extraordinario con Francini-Pontier. Salíamos mucho juntos. Era un tipo fuera de serie. En nuestras reuniones era incansable contando cuentos, cosa que le encantaba y lo divertía además. Ya por ese entonces era un buen poeta y cuando decía sus cosas nos emocionaba a todos. No hace muchos años, estando yo desvinculado del ambiente artístico y ocupado en otros trabajos, pasé con mi camioneta por un lugar donde él estaba filmando una de esas fotonovelas que salen en las revistas. Hacía mucho tiempo que no lo veía. Lo llamé, se acercó a mí, y al reconocerme se puso a gritarle a sus compañeros de filmación quien era yo y me presentó a toda la gente, haciendo un escándalo en medio de la calle. Vaya mi cariñoso recuerdo para ese gran amigo y gran intérprete de nuestro tango que fuera Julio Sosa.

Antes de cerrar esta parte, quiero evocar un momento en la vida de la orquesta. Yo era muy joven y seguía haciendo cosas de jóvenes. Atrasarme a la llegada de los bailes o cosas por el estilo. Un día Alfredo me manda un colacionado despidiéndome. Lo llamé muy seriamente y le dije que yo estaba muy cómodo en la orquesta, si él no se sentía igual, que se fuera él. Se puso a reír y quedó, como es lógico suponer, totalmente anulado el telegrama.

Por esa época también era aficionado al turf. El tango "Bajo Belgrano", por ejemplo, está muy ligado por su letra a un caballo que compré y gano 5 careras en San Isidro y Palermo. Pero sigamos adelante con la recordación. Llega mi desvinculación de la orquesta. Ocurrió que estando en Rosario en una de esas giras que realizábamos todos los años, Carlos Dante, que seguía siendo capote en todos los lugares en que actuaba, nos anuncia su retiro de la orquesta. Yo, haciendo causa común con él, anuncio también el mío. Se llevarían a cabo tras los carnavales que realizaríamos en el club Gimnasia y Esgrima de La Plata. Hubo reuniones de los componentes de la orquesta. Hablaron con Dante. Luego el secretario de Alfredo, Osvaldo Amura, también en grandes reuniones convencieron a Carlitos para que se quedara pero a todo esto a mi, ni una palabra. Así que cuando finalizó el carnaval en La Plata me retiré de la orquesta como lo había prometido, y como buen vasco, cumplí con mi palabra. Hubo lágrimas de mi parte y de mucha gente del público. Fue uno de los momentos más emotivos de mi vida. El día que Alfredo volvió a debutar en el Glostora ese año, yo había ido solo a un cine de Olivos en mi pequeña cupecita. Antes de entrar al cine, escuché por la radio el debut de Oscar Larroca. Sentí una profunda pena. No por el debut de Oscar, excelente cantor y flor de amigo, sino porque tuve la sensación que alguien me hubiera usurpado algo de mi vida. Fue un momento muy triste para mi.
(redactada por Julio Martel)
Miguel Recuerdo.

16/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - III

Por ese entonces, yo aspiraba a ser probado por alguna orquesta típica. Consigo una entrevista con un bandoneonísta que tenía orquesta en el Imperio Cabaret, que estaba en Maipú, antes de Lavalle. Realizamos la prueba y no le gusté. En realidad él quería alguien conocido y a mi me conocían el tano Fidel de Luca, "el pibe de la flauta", los choferes y algún pasajero que se acordara de dos pibes que cantaban en los colectivos de la línea 24. Insistí, y conseguí llegar a Juan Giordano, un buen bandoneonísta que también resultó ser un buen amigo y consejero del "Pibe" que era yo. Debutamos en el Hotel Hurlingham de Mar del Plata por toda la temporada. Comíamos y vivíamos en el mismo hotel, de modo que los 150 pesos que ganaba por mes, se los giraba completos a mi vieja. Allí, en Mar del Plata, me hice amigo de Luis Ángel Firpo y su señora Blanquita, que vivían también en el anexo, o sea abajo, pegado a la Playa de los Ingleses. Era uno de los mejores hoteles de Mar del Plata y vivían allí los grandes personajes. Luis Ángel Firpo y Blanquita, me llevaban con ellos a todos lados. En invierno, actuábamos en el grill del City Hotel. Así estaban las cosas hasta que un día nuestro contrabajista comenta que Alfredo De Angelis estaba buscando cantor, pues se iba Héctor Morea. Yo por nada del mundo quería irme, ya que estaba encariñado con todos los muchachos de la orquesta, pero el destino sería el encargado de decir la última palabra.

Por influencia de mis compañeros y también mediante gestiones, se consigue que Alfredo de Angelis me tome una prueba en Radio El Mundo. Alfredo de Angelis estaba escuchando desde el control y yo acompañado por Juancito Larenza canto "Necesito olvidar". La prueba fue decisiva. Con Néstor Rodi, Larenza y Alfredo salimos a tomar una copa a un bar de al lado de la radio. Se concretaron los ensayos y también se concretó el que mi madre debía firmar el contrato pues yo era menor de edad. Cuando yo pedí un coñac de marca francesa, Néstor Rodi, al ver la botella, dice: A partir de este momento te vas a llamar como este coñac francés, suprimiéndole una "L", y así fue como en contados minutos pase de Julio Harispe "el precoz cantor", a ser el que luego ustedes conocerían como Julio Martel, quien entre tantas satisfacciones tuvo la de grabar un tema de su compadre Guillermo Vilar, "Altar sin luz". A propósito, el día del bautismo del pibe, tuvo que reemplazarme Carlitos Dante, pues yo estaba con unos amigos y me había olvidado. Como siempre, Carlitos me sacaba de problemas.

A comienzos del año ‘42, el bar "Marzzotto" fue trampolín a la fama de la orquesta. Yo debuté en esa fecha al lado de mi querido amigo y gran colega Floreal Ruiz, en reemplazo como ya dije de Héctor Morea. Como consecuencia del éxito en el Marzzotto, nos contrata Radio El Mundo. Fue en ese tiempo en que Néstor Rodi, glosista y además representante de la orquesta, arregla nuestro primer carnaval en la Editorial Haynes. Alfredo de Angelis, su orquesta, Floreal Ruiz y Julio Martel.

Al desvincularse Floreal para ir a la orquesta del gordo Pichuco, debuta Carlitos Dante, precisamente en el Marzzotto. Ocurre algo realmente extraordinario con el tango de Lespes y Yaraví: "El tropero del amor". Un éxito sin par de Carlos. Hubo días que la cantidad de gente en la calle, hacía cortar el tránsito de Corrientes. Creo que nunca se había registrado en el medio popular un suceso semejante. Nuestro primer dúo fue el vals de Canaro "Soñar y nada mas", un suceso, junto a otros como "Que buena es", como ya mencionara, mi primera grabación. Grabación realizada con la emoción de llevarle el disco a mi madre, y de participar del elenco de un sello tan importante como Odeón. Aún no podía olvidar mis actuaciones de pibe y me parecía vivir un sueño al encontrarme en el lugar en que estaba. Cuánto tiempo había pasado desde el día en que mi viejo me sorprendiera escuchando a Ignacio Corsini !

Comenzaron luego los bailes semanales en que tuvimos oportunidad de realizar hasta 27 bailes en un mes. Actuábamos hasta los días lunes con el mismo éxito que un sábado o domingo. Los fines de semana para poder cumplir con todos los compromisos actuábamos en dos clubes los sábados y dos los domingos, uno a la tarde y otro a la noche. Vinieron los carnavales en Argentino Juniors. Hubo lugares en que la gente, en el afán de poder entrar, llegó a voltear paredes. A todo esto le sucedieron los contratos en Tibidabo, Confitería Ruca, Tango Bar, y también La Armonía. Allí precisamente tuve la gran emoción de conocer al gran Enrique Santos Discépolo. Discepolín nos vino a saludar pues yo le había grabado el tango "Chorra", de gran éxito en ese momento y siempre, como todo lo que hizo Discépolo. Anteriormente en el Congo de Chacarita había tenido otra de las grandes emociones que no sé olvidar, al conocer a Celedonio Esteban Flores. Luego llegó el "Glostora Tango Club", audición que comenzábamos el 1º de abril y terminábamos el último día de diciembre. Era un contrato de tan larga duración que creo ninguna otra orquesta había realizado. Seguimos haciendo carnavales en Racing, Independiente y en 1947 en San Lorenzo, Junto a Barry Moral, se obtuvo una recaudación que tardaron mucho tiempo en superar.

(redactada por Julio Martel)
Miguel Recuerdo.

15/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - II

Ya éramos seis los hermanos por ese tiempo, y cinco de nosotros, Martín, Miguel, Pablo, Lalo y yo, ya que el menor Gogo era demasiado chico, nos hicimos caddies del golf del Jockey Club de San Isidro. Recuerdo que junto a nosotros había otro caddie de mi misma edad, hoy empleado en Segba, a quien llamábamos "el pibe de la flauta", pues tocaba muy bien ese instrumento. Al volver para casa en el colectivo, aclaro que la mayoría no nos cobraban porque éramos hijos de Don Martín, el presidente de la línea, los choferes conocidos nos hacían sentar al lado de ellos en esos asientos bastante largos que antes se usaban y me pedían que cantara. Como la mayoría de los pasajeros también eran gente que viajaba diariamente, ya nos conocían y nos "aguantaban". Así que entre "el pibe de la flauta" y yo, hacíamos lo que mas tarde me toco hacer ya profesionalmente con mi gran amigo Carlos Dante, con la diferencia que en aquel entonces las monedas que nos daban los pasajeros, nos hacían mucha falta, y ayudábamos así en nuestra casa. En esa época junto a nosotros, como caddie, estaba también "el tano". Bueno, todos teníamos apodos: "el pibe de la flauta", "el cantor" que era yo y "el tano" que no era otro que el hoy famoso Fidel de Luca, gran campeón de golf. El golf y el tango eran mis grandes pasiones y siguen siéndolo sin ninguna duda.

Quisiera extenderme algo mas sobre esa época, para reverenciar desde aquí, a pesar del tiempo pasado, a quien fuera mi "patrona", como se llamaba a quien uno le llevaba los palos de golf. Una gran señora. Una gran dama, integrante de una gran familia que frente al golf, tenían una casa quinta que se llamaba "El naranjal": la Sra. de Novaro. El master caddie que era un gran tipo, se llamaba Frankie, me hacía cantar delante del socio del club para que "agarrara una changa". De manera que si yo quería "agarrar una changa" tenía que tener siempre ganas de cantar. Volviendo a la Sra. de Novaro, le diré que me escuchó y me pregunto si mi madre podía ir a conversar con ella. Así lo hicimos con mamá y nos atendió con la deferencia con que saben hacerlo las grandes señoras. Le propuso a mi madre que yo estudiara música y canto con la profesora de sus hijos que también eran seis, si mal no recuerdo. Debía ir dos o tres veces a la casa de la profesora, donde comencé mis estudios de solfeo y vocalización. A través de los años me persiguió la angustia de haberme portado ingratamente con la Sra. de Novaro, pues mi padre en una reunión de amigos conoce a un avisador de programa en Radio La Voz del Aire y arregla con él mi debut a los pocos días. La profesora me lo prohíbe, ya que en ese tiempo estaba en la época en que los pibes cambian el registro de voz. Por no contradecir a mi viejo, debuto en radio acompañado por dos guitarristas, Mario Hernández, chofer de uno de nuestros colectivos y Vega, un negro macanudo. Pero el hacerlo pese a la negativa de mi profesora, me dio mucha vergüenza, tal es así que nunca volví al club, y tampoco a saludar a esa gran señora que por muchos años que pasen, no podré olvidar por su comprensión, su bondad y el trato de gente que nos daba a pesar de la gran diferencia de posición social. Por eso con estas palabras y con este tema musical, quisiera homenajear a quien tanto hizo por el que mas tarde fue Julio Martel.

Y bien, se sucedieron luego muchas actuaciones del precoz cantor Julio Harispe, tal mi nombre verdadero. Cines, festivales. Conservo aun algunos afiches o programas en los que actué en esa época con personajes como Libertad Lamarque, el famosísimo dúo Buono-Striano y yo enunciado como "el precoz cantor". Llega 1940 y pierdo a mi gran amigo... a mi gran compañero... a mi viejo. Mi querido Don Martín, cuando apenas tenía 40 años murió de un ataque de presión y fue un duro golpe para todos nosotros. Mi vieja quedaba sola con sus seis varones, el mayor de los cuales tenía solo 18 años. Siempre, después de la muerte de mi padre, me parecía que ese verso tan bonito titulado "Guapos", había sido escrito para mi vieja, por la que yo y mis hermanos sentíamos adoración. Mi vieja si que era "guapa". Le cuerpeó a la vida y sacó adelante una familia. Siempre me sentí y me siento orgulloso de mi mamá, igual que "hoy al recordarla".

(redactada por Julio Martel)
En la primera foto, Julio es quien aparece en segundo plano, a la izquierda. Le sigue Martín en el centro y Miguel a la derecha. Adelante están Lalo, María, la hermanita fallecida trágicamente en un accidente después de esa toma fotográfica, y Pablo. Gogo, el más pequeño, no está por ser aún un niño de brazos.
Miguel Recuerdo.

14/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - I

Hace muchos años nací en Baigorrita. Como no es mucha la gente que conoce el lugar, siempre digo para abreviar, que nací en Junín, Provincia de Buenos Aires. Como casi todos los que nacemos en un pueblo, nos conocemos desde siempre. Mi padre era nacido en Los Toldos, General Viamonte, bastante cerca de Baigorrita, pueblo chiquito pero grande de corazón como sus gentes, que si no eran parientes nuestros, seguro que eran grandes amigos. Hace ya unos cuantos años que no voy por allá. La última vez lo hice en compañía de mi madre y uno de mis hermanos, Miguel, y en el club del pueblo nos hicieron un homenaje inolvidable. Baigorrita, como todo pueblo, con su infaltable cancha de paleta o frontón, donde los domingos generalmente se realizaban y se realizan todos los acontecimientos.

De allí mis padres nos llevaron a mi hermano Martín y a mi, que soy el segundo, a vivir a Caseros, hoy Partido Tres de Febrero. En la Avenida San Martín al 2500 más o menos, mi padre se dedicó a la venta de corderos, en ferias. Los corderos se carneaban en casa y nosotros a pesar de ser muy chicos, tratábamos de ayudarles a la luz de las velas. Luego de madrugada, lo acompañábamos a la feria, íbamos en carro. En días de lluvia, los barriales eran de locos, pero nosotros nos divertíamos y a la vez ayudábamos en algo, aunque no mucho. Eran tiempos duros, en que a los pibes los Reyes Magos nos dejaban una moneda o unas medias blancas. Cuando eso ocurría, yo me ponía las medias y me sentaba de piernas cruzadas en la vereda, mostrándolas con orgullo. A quién? A nadie, porque en esa época, por Avenida San Martín a esa altura, no pasaban ni los sapos.

De allí, de Avenida San Martín fuimos a vivir mas al centro de Caseros, a dos cuadras de la estación. Mi padre entonces alquila el Mercado Modelo y se queda con un puesto de carnicería. El resto los subalquila. Nosotros vivíamos en los altos del mercado, así que una vez cerrado, nos tocaba barrerlo. En esa tarea, siempre encontrábamos alguna monedita que guardábamos para ir al cine Paramount, a la vuelta del mercado. En ese cine, tuve la oportunidad de ver personalmente a Carlos Gardel. Lo esperábamos todos los pibes a la salida y yo tuve la alegría, que con su proverbial gesto cariñoso, Don Carlos me tocara la cabeza. Eso es algo que siempre recordaré como un sueño. Como también recordaré siempre como un sueño mi primera grabación: "Que buena es".

Un día mi padre me sorprende escuchando en un receptor de esos que hoy nos parecen tan antiguos, a Ignacio Corsini. Me encantaba. Yo por mi parte trataba de imitarlo. Por supuesto, ignoraba que mi padre estuviese detrás de mí. Diría que ese fue el comienzo de todo. A partir de allí canté en cuanta reunión familiar o de amigos se formara, festivales, etc. La gente decía que lo hacía bien. Recuerdo que un día en el colegio, se prepara la representación de una zamba muy vieja "Farol de los gauchos". Mi padre me viste entonces de gaucho. Todo se hace con grandes preparativos, hasta encarga a un zapatero, semanas antes, la confección de unas botas a medida, de cuero blanco, hermosas y además todo un lujo. Llega el día de la representación y comienza la colocación de cada uno. A mi me tocó cantar en la última fila, donde no se me veía ni la cabeza. De más está decir que pasaron totalmente desapercibidos mi canto, mi traje y mis botas, de las que estaba muy orgulloso y que al poquito tiempo nomás me quedaron chicas. Siempre recuerdo este momento como también recuerdo y recordaré el cariño del público y su consecuencia al pedirme un tema tan hermoso como "De igual a igual".

De lo anterior pasa algún tiempo y mi padre, Don Martín, un "vasco bueno", decide dejar la carnicería porque, claro, se vendía mucho "al fiado" y luego costaba cobrar. Se decide entonces por algún negocio en el que "no se fiara" y funda una línea de colectivos que primero fue la "8" y después la "24", mas tarde la "230" y hoy "130". Llegamos a tener tres colectivos en esa línea, pero la cosa no andaba nada bien. El recorrido era de Saavedra a San Isidro. A veces yo le hacía compañía. En muchas oportunidades si iba vacío para San Isidro y algún pasajero que iba para el lado contrario, o sea para Boulogne, esperaba el vehículo, él daba la vuelta y lo llevaba. Así era mi padre... mi viejo... mi amigo.

(redactado por Julio Martel)

Miguel Recuerdo.

5/7/10

Gerardo Portalea

Por Sergio Pujol (Suplemento RADAR)

A los 16 años eligió bailar tango. Y empezó a hacerlo en los clubes de barrio. Recién bailó en un cabaret, Karim, de grande, pero su fama lo había precedido. Junto a Virulazo y Copes, es uno de los mejores bailarines tangueros, pero Gerardo Portalea tiene un plus: es milonguero. Y cada domingo, en algún club de barrio, sigue, como prefiere decir él, "caminando el tango".

Aprendió a bailar mirando a los que sabían hacerlo, en una época en la que los chicos de Villa Urquiza, como los de cualquier otro barrio de Buenos Aires, se enloquecían por alcanzar los tres berretines de! país prometido; el fútbol, el cine y el tango. El eligió bailar tangos, cuando apenas tenía 16 años. Se cayó un anochecer de verano por el club Amanecer, después de practicar toda una tarde con sus amigos, hombres con hombres, pan con pan.

Esa noche supo la verdad del tango: hombres con mujeres. Comida más variada. Después empezó a ir al Sin Rumbo, su patria chica, su pista preferida.

"Por entonces -recuerda con más melancolía que nostalgia-, el único lugar en el que un menor de edad podía bailar era el club del barrio. En los salones del centro o las casitas de tango de Palermo pedían documentos. Yo supe ir, mucho más tarde, al Bonpland y al Palermo Palace, con buenas orquestas todos los días y mujeres para todos los gustos. Pero en los clubes había un ambiente más familiar. Vos bailabas como en una fiesta de casamiento; a veces con una tía o con una prima, o con al­guna amiga de tu hermana, mayor que vos, que te miraba y te miraba. Yo nun­ca fui a las academias, donde se paga­ba para bailar con auténticas Milongui­tas. Recuerdo que había muchas: la Crespo, la Dos Pasos... y otras en Plaza Miserere, de fama dudosa. Pero yo siempre fui un bailarín de barrio, un bailarín sin plata que pisó un cabaret por primera vez ya de grande. Me llevó Copes al Karim, un sitio de lujo, con minas caras. Fue hace quince años. Me llevó para que vieran cómo se bailaba el tango en las viejas milongas. Para ese entonces, yo ya era un tipo bastan­te reconocido entre los entendidos, tenía mucha historia encima. Pero siem­pre con bajo perfil."


FLORES NEGRAS
A los setenta y pi­co, Gerardo Portalea trabaja en la gale­ría nueve del cementerio de General San Martín. La galería nueve es un pasi­llo largo y caluroso del segundo piso, un pasillo lleno de tumbas frescas -gen­te, en su mayoría, muerta en los últimos diez o quince años- y flores de todos los colores que, en la lucha perdida de antemano contra la putrefacción, se van poniendo negras, cada vez más negras.

Desde el fondo de la galería llegan unos compases de orquesta de tango, tal vez Di Sarli. ¿Música de ultratumba? ¿La marcha fúnebre en versión Gran Buenos Aires? No, todo es más sencillo: Portalea tiene la radio clavada en FM Tango. Con su estatura de gran bailarín y cara de malevo de otros tiempos -malevo bueno, ablandado por las co­sas del querer-, este hombre que supo ser uno de los grandes exponentes del tango del cuarenta no se cansa de repe­tir que tiene un buen trabajo, "un flor de trabajo", allí, en la galería nueve, rodeado de leyendas para todas las eda­des y un olor vegetal muy penetrante. La imagen pareciera exasperar la idea que algunos tienen del tango: una cosa muerta, de sepulcro, de polvo sobre polvo.

Pero Portalea le da una vuelta metafí­sica al asunto, como si tuviera en mente los epitafios de Francois Villon a la hora de lustrar lápidas o bailar tangos. "El tango tiene mucha sabiduría. Lo mismo que el Martin Fierro. Puedo asegurar que yo he visto de todo, y en ese libro y en aquellas letras de tango hay gran­des verdades. Si se les prestara un poco más de atención, se viviría de otra ma­nera. Y se sabría que, tarde o temprano, todos terminamos aquí, rodeados de flores como éstas. No hay nada como las letras de tango. Ahí está todo."

LA CONEXION FRESEDO
Para Porta­lea, el tango es, antes que nada, una forma de bailar, con más improvisación que coreografía. Esas letras que él tanto admira ayudan, acompañan y enseñan -"a mí me gustaba bailar con las graba­ciones de Vargas/D'Agostino"-, pero la pasión está en los pies, en el baile. Sin saberlo, Portalea sigue la máxima de Lester Young, que aconsejaba tocar jazz con la letra del standard sobre el que se improvisaba en la cabeza. Una mane­ra de empatía con una atmósfera lírica.

Desde comienzos de los cuarenta hasta el año 1963, cuando se acabaron los bailes del club Chacarita, Portalea no se perdió ni una sola de las milon­gas de esa parte de Buenos Aires que, en cierto modo, le pertenecía. Por esos años trabajaba en una fábrica de vidrios de la que salían los frasquitos de tinta Pelikan y de gomina Fixina. El hombre hacía turnos rotativos, lo que le permitía conocer distintos pliegues de la no­che. Salía a las 12, la pasaba a buscar a su mujer y juntos se perdían en algún club o dancing de la zona. Otras veces, bailaba de tarde, antes de entrar al tra­bajo, como esos locos de las plazas que hablan y giran a cualquier hora del día, sin rendirle cuentas a nadie.

Llegó a organizar él mismo los en­cuentros en el club Sin Rumbo, con dis­cos, porque las orquestas eran caras, y en 1952 se dio el gusto de salir tercero en el concurso de Radio Splendid. El primer premio fue para Virulazo y el segundo para Juan Carlos Copes, nada menos. A Portalea le quedó para siem­pre la doble satisfacción de haber sido superado por dos de los mejores baila­rines argentinos de todos los tiempos y, ya en el plano de los rumores, de saber que para dos miembros del jurado, el suyo había sido el baile más y mejor relacionado con las músicas que se eli­gieron aquella noche. El se movió con "Pampero", por Osvaldo Fresedo, y no le fue nada mal. "A mí siempre me gustó el estilo ele­gante y medio aristocrático de Fresedo. Y nunca fui muy arrabalero. Sí milon­guero de barrio, como el Negro Lavan­dina, Petróleo, Cachirla, Finito y aquel morocho al que le decíamos La Biblia por todo lo que sabía. ¿Cuáles eran sus verdaderos nombres? Yo nunca lo supe. ¿Para qué? Los apodos eran los verda­deros nombres, pero lo mío nunca fue espectacular. No soy un trompo ni vivo haciendo ganchos constantemente. Más aún: creo que el buen bailarín de tango baila sin lucirse mucho. El que entien­de se da cuenta."

Quizás por eso Portalea es el bailarín preferido de Enrique Cadícamo, un clá­sico entre los clásicos, que lo elogia frente a las cámaras de "Sólo tango" en un clip de Melopea, con Litto Nebbia como testigo. Además, Cadícamo lo cita en su "Academia de! gotán", en esa parte que dice: "Academia del gotán / con Gerardo Portalea / que en el tango se florea / dando cátedra al bailar".

No siempre la fama es puro cuento. La de Portalea, que se actualiza algunos fi­nes de semana en el Club Sunderland, se cimienta sobre su innegable talento de bailarín, pero quizá también en el hecho de que, a diferencia de muchos de sus amigos y colegas, él nunca salió del país, por la sencilla razón de que nunca quiso ser profesional. "Conozco a unos cin­cuenta bailarines, algunos milongueros y otros que vienen del folklore o del clási­co, que viven viajando de un país al otro. Si no gastan afuera, pueden volver con buena mosca. Y está bien que lo ha­gan. Yo me alegro por ellos. Antes, las cosas eran muy diferentes. No había ma­nagers serios y se viajaba sin contratos. Después, los muchachos volvían a Bue­nos Aires sin un peso o con menos de lo que les habían prometido. Y encima se enteraban de que acá les habían serru­chado el piso. Pero a mí, lo que siempre me molestó es eso de tener que bailar por contrato. No puedo hacerla. Es ab­surdo. Yo bailo cuando quiero, sin nin­gún compromiso."

Portalea camina más cuadras en una milonga de domingo que todos los otros días de la semana juntos. Vive en­frente del cementerio y en su lugar de trabajo no hay que moverse mucho. Es como si economizara pasos para dar sólo aquellos que tienen un sentido ar­tístico. Toda una estética del espacio. Y una teoría del conocimiento, porque para Portalea, desde una pista de baile se tiene la mejor panorámica de la vida.

El Aleph del tango está en el campo­santo de San Martín: ése es el aspecto under de Portalea, figura para iniciados que, si quieren ser esclarecidos por la palabra zen de un milonguero en retros­pectiva, deben descontar los floridos me­tros de la galería nueve, segundo piso, y preguntar por el alma del suburbio.

Son muchos los aprendices del mun­do entero que, como Robert Duvall, han conocido a Portalea, han charlado con él, han visto su imagen en Tango, bayle nuestro -la película de Zanada- y le han pedido algunos consejos. Des­pués, le han mandado alguna carta, dos o tres líneas de afecto y admiración. Se han rendido ante el arte de un auténti­co bailarín de tangou.

"Yo nunca he dado clase. Sería trai­cionar todo lo que pienso sobre el bai­le. Consejos, sí, a quien quiera escu­charlas. Por ejemplo, al pibe Soto, el de 'Tango x 2'. ¡Qué bien baila! Y pen­sar que hace unos años no sabía nada. Aprendió rápido y ahora le va muy bien. Es el más profesional de todos, el que mejor se mueve en el tema de los viajes y los contratos. A mí me gusta un poco más su hermano, tiene otra postu­ra, más de milonga de club. Pero los dos son excelentes bailarines. Y los norteamericanos o los holandeses que me han venido a ver son muy estudio­sos y serios. Van a las milongas y pa­gan sin chistar. Pero, sabe una cosa, nunca van a bailar como nosotros por­que caminan de otra manera. El tango no es tanto una cuestión de figuras co­mo de saber andar, saber caminar."

PASTILLAS DE TANGO
Dejó de bai­lar en 1963, y así estuvo hasta 1978. Se habían acabado las tangueadas en los clubes. Era el ocaso de los milongueros. Aquellos certámenes de rock and roll de los domingos que los parroquianos mi­raban con más curiosidad que rechazo, fueron desplazando al tango. O quizá fue la gente misma la que perdió interés por el baile abrazado. El mundo se can­só del tango, ya había tenido demasia­do. Los lentos de los 60 y 70 reemplaza­ron una dinámica física por otra.

Portalea creyó que a lo mejor podía vivir sin bailar. Y se equivocó fiero. Co­noció así los bordes inquietantes de la depresión, un dolor que no tenía razo­nes clínicas muy claras. Hasta que dio con un psiquiatra que le recomendó volver al tango. La recuperación fue inmediata. Buena receta la del psiquiatra. "Fue mi remedio, es mi terapia, y por suerte ahora hay milongas por todo Buenos Aires. El baile me alegra, lo siento en todo el cuerpo. Cuando bailo mucho vengo a trabajar contento, con más energías y con más sabiduría. Ya lo dije: al tango hay que entenderlo. Es profundo, una cosa muy seria. Enseña a vivir y a morir."

Pastillas de tango los fines de semana, y la radio con Pugliese o Troilo en las horas del trabajo: Portalea vive con lo necesario, y se lo ve contento. No esconde el orgullo de saberse apreciado y valorado por sus pares. De vez en cuando le hacen alguna entrevista, pero él, siempre amable, no muestra mayor curiosidad por el producto final de aquellas conversaciones. Definitivamente, Portalea no es un hombre mediático. "La otra vez vinieron con unas cámaras de televisión hasta acá. Imagínense. Yo no tengo ningún problema en hablar, siempre y cuando me dejen tiempo para las tumbas." Lo dice sin ironías a la vista, mientras una orquesta suena despacito desde el fondo de la galería nueve.

Miguel Recuerdo