28/8/17

El Polaco por dentro

Por Jorge Boccanera
(en Magazin Dominical)

El niño de pantalones cortos entorna los párpados y engola la voz, para que el tango que está cantando rebote contra las paredes del baño y se pierda afuera, cerca de la pileta donde Marielena sigue lavando ropa. La carita del niño sale del baño y con la mirada le pregunta a la madre si le gustó; ella mueve la cabeza en un bamboleo que aprueba y desaprueba. Entonces el niño sale a la calle a juntar chapitas de cerveza para formar ejércitos o para jugar a la biyarda, ese béisbol criollo que para él será siempre un invento argentino.

Ahora el cantor está frente a un micrófono, de pie, y entre los rostros esfumados del público cree ver nuevamente a Marielena y mientras la orquesta avanza los primeros compases recuerda que a ella no le gustaba que le digan mama. Solía decir casi enojada: "mama, el ternero a la vaca". Le agradaba el mamá. Piensa en su viudez tan joven, en su trabajo de parar la olla "con las manos cortadas de lavar la ropa", en su filosofía, en su fuerza para salir adelante. Y aunque la orquesta viene en malón sobre el inicio de algún tango, el cantor se demora en los ojos de Marielena: "Sí, así como suena, todo junto".

Para Goyeneche, su madre "era una persona que aunque no había tenido tiempo de estudiar, era muy inteligente. ¡Decía cada cosa mi Vieja! Un día mientras lavaba le pregunté por qué había algunos tipos tan ignorantes y me dijo: 'Sabés qué pasa, nene, cuando Dios hizo al hombre tenía diez cajas encefálicas abiertas y solamente seis cerebros. Puso hasta que le alcanzó, después rellenó con una media, un gabán, una muela, un perro, qué se yo, cualquier cosa', ¡Esa era mi Vieja! Se murieron los dos siendo yo muy pibe. Te voy a decir que a mí la vida me dio besos pero también muchos cachetazos. Ahora me dio un vuelto, una nieta que se llama Lorena. En una familia de diez generaciones de varones, es la locura. Tiene siete años y quiere bailar tango con Carlos Copes. Y yo, le digo mientras ensaya: no, los pasos son más lentos y le digo no, la manito al revés porque vos sos mujer".

El niño de pantalones cortos en un ademán sobreactuado se lleva la mano al corazón y termina de entonar otro tango. ¡Era hora! Parece decir el gesto de su madre que le pide algunos mandados. Y él sale silbando. Podría hacer todo más rápido si comprase en el almacén Don Blanco de la esquina de su casa, pero ahí la lata de aceite de cinco litros cuesta un peso con cinco centavos, en cambio enfila lejos, para Monroe y Crámer o Las Grandes Tiendas Argentinas donde podrá comprar la misma lata por sólo un peso.

La orquesta detrás del cantor es una nube oscura nena de relámpagos y truenos. El adelanta el cuerpo y estira apenas los brazos como para barajar algo que cae. Es Ringo Bonavena que luego de un respiro saluda a su amigo, el cantor, y vuelve al ring.

"No, no éramos amigos, éramos hermanos. Era un chico grande. Yo vi como diez veces la pelea con Clay y no me vas a decir que el negro resbaló. ¡Le encajó un piñón! Si Natalio lo apura lo saca a la mierda. Pero escuchame ¿acaso no lo tiró tres veces a Frazer que era campeón del mundo? Se muere la gente buena, se murió Pichuco, Barquina, Homero Expósito, Catulín, la mala se queda ahí, embromando". (Es poco sabido que el tío del boxeador, Antonio Bonavena, dirigía en los cuarenta una agrupación musical que acompañó a Roberto Rufino en el Petit Café).

Roberto tiene 14 años y trabaja en una oficina jurídica en Paraguay 1591. El abogado Salvador Julio Rotman le entrega una dirección y unas indicaciones, mientras él asiente columpiando el mentón flaco. Cada mes recibe el sobre con el sueldo y se lo entrega a Marielena ("así como suena, todo junto"). Va a comenzar la época de oro del tango.
El cantor se jacta de recordar todavía el nombre del abogado y la dirección, en tanto conversa con sus amigos en la ronda obligada del café San Quintín, en avenida del Tejar y Tamborini. Cerca de la casa donde quizá su padre, Emilio Roberto, escribió Pompas, el tango que grabó Gardel. Un tío suyo. otro Roberto ("porque mi abuela tenía los rayes de los Robertos") es el autor de Pompas de jabón. El cantor se queja de la confusión frecuente entre ambos autores siendo que él -díce- se ha encargado de explicarlo en numerosas entrevistas. Pero el enojo se troca en ira cuando recuerda tangos que le suenan dentro del absurdo, como ese personaje que le pide al portero "suba y dígale a esa ingrata" sin atreverse a encararla él mismo; "o ese otro del tigre Millán, picado de viruela, bastante morocho, que dice que nunca fue correspondido y ella al fin lo traicionó. Pero si nunca fuiste correspondido, cómo te van a traicíonar?".

El pibe tiene 16 y calza los largos. Corre el año 42, el de Malena, de Manzi; Gricel, de José María Contursi; Uno, de Discépolo; es también el año de la irrupción fuerte de Homero Expósito, ese zaratense nacido en Campana que llegaba empatotado con Stampone, Pontíer, Francini, y que para el haber anotaba Pedacito de cielo. Al compás del corazón, Azabache y Tristezas de la calle Corrientes. Un poeta tanguero que tenía bien masticado a Paul Eluard, André Breton y Ortega y Gasset, entre sus muchas y diversas lecturas. 

El pibe cumplió los 16 y su sueño de cantar se cumple. Así que después de convencer a Marielena de que lo autorice, y con una orden del juez, comienza en un cabaret con la orquesta de Raúl Kaplún. La noche del debut tiene el pecho agitado y un jopo sobre la frente que no se queda quieto. Después se apura por llegar a casa y contarle todo a Manielena, presintiendo que aquello que había comenzado esa noche no iba a detenerse jamás: "Hacía tres salidas y luego me metía en una pieza con una gaseosa y un sánguche. Al finalizar, el mismo Kaplún me acompañaba al tranvía, hasta el Correo Central y en Saavedra me esperaba mi mamá. Después de Kaplún ella murió. Yo no quería cantar más". Pero las heridas cicatrizan y la vocación es más fuerte. "Yo hice de todo, viejo, trabajé de colectivero, en el taxímetro, en los camiones, en los micros. Pero mi pensamiento fue siempre cantar tangos. Si yo no hubiese cantado tangos, me hubiese gustado cantar tangos. Lo tomé con cariño porque amo al tango. Y mirá qué pedante soy, yo creo que el tango me quiere a mí, ¿sabés por qué? Porque en algunos tangos me dice despacito 'gracias'. Ahora, en otros me pega patadas", se jacta entre risas y con unas manos que no dejan de gesticular.

El cantor flexiona las piernas y alarga un dedo tembloroso, como si fuese a tocar un teclado a punto de derrumbarse, un instrumento que nadie ve. Acaricia el aire para poner en marcha una historia que llega con olores y texturas, mientras tiende cada palabra en el alambre del sentimiento como hacia Marielena con la ropa limpia. El cantor dice que "Margo ha vuelto a la ciudad/ con el tango más amargo/ su cansancío fue tan largo/ que el cansancio pudo más". Hacia el final, el artista pone el cuerpo para contener todo ese universo que puso a girar hace un instante, golpea el suelo con el zapato y la historia se apaga.

"Homero fue el genio que le faltó al mundo. Era un hombre que hablaba con comas y puntos y decía cosas entendibles, por ejemplo, cuando escribe: 'Era más blanda que el agua, que el agua blanda' ¿acaso no existe el agua dura?, el hielo es agua dura. Y me hizo Afiches. Naranjo en flor, Chau no va más. Antes que Homero me enloqueció Le Pera que nunca habló mal de la mujer sino que la enaltecía. El mismo se echaba la culpa de todas las cosas, como aquel que dice Cristo llevó demasiado la cruz, vamos a cargarla un poco nosotros. También quiero hablar de un genio, el único hombre que me acuerdo que supero a su padre, José María Contursi, porque el padre hizo Mi noche triste, que es linda, pero si vamos a enumerar los temas de 'Catunga' Contursi, qué querés que te diga ¡Rebalsaron la copa de la verdad!

Te estoy copiando, perdoname Homero querido (esta última frase en voz baja). Homero es una barbaridad cuando dice: 'te arreglás el dolor después de sollozar' o 'tú compras el carmín y el pote de rubor que tiembla en tus mejillas/ y ojeras con verdín para llenar de amor tu máscara de arcilla'. ¡Qué hijo de puta! ¡Dios te bendiga, Homero querido! No, no, mirá, se me paran los pelos. Cuando dijo 'tu forma de partir nos dio la sensacíón de un arco de violín clavado en un gorrión'. En Oyeme, no faltó quién le preguntara qué era eso. ¡Qué analfabeto! Explicó que se había muerto un amigo suyo (se refiere a Horacio Francini, hermano de Enrique Mario fallecido a los 21 años) que había estado un rato antes con él. Murió un amigo mío -dijo- y tuve ganas de comerme un colectivo. Mirá lo que escribió. Destacámelo, quiero que desde el cielo se acuerde de mí".

Goyeneche encontró en el poeta las imágenes que sentía latir dentro suyo, mientras que Expósito halló en el cantor alguien que pudo recrear, interpretar su universo sentimental, su expresividad. Porque al cantor le interesa mucho la letra: "Y cuando la música no corresponde digo ¡Qué ca..., qué macana! ¡Qué desperdicio!". Más que nadie supo el cantor decir las letras de Homero, esa "eficacia contextual, orgánica, echa de letra y música", según Juan Sasturain quien además apuntó la presencia de rimas internas la cadencia y todo aquello que en Expósito "favorece el fraseo armonioso, pegado como una segunda piel a la melodía".

Goyeneche hace posible la mirada que sobre el tiempo tiene el poeta; pone en evidencia el estado de pérdida que atraviesa todo el texto, un dolor sin los soportes de la culpa ni la posibilidad de reeditar lo vivido. El cantor nombra entonces toda una secuencia de matices que va de ese estado de pérdida al "milagro" de amar otra vez .

En el año 47 el pibe es todo un profesional. Su estilo, su fraseo, es muy personal. Ese año gana un certamen de nuevos valores convocado por el club Federal Argentinos y no puede dejar de pensar en Marielena al recibir la copa plateada que alguien le acerca junto al diploma correspondiente. Siguen años duros en los cuales alternará su vocación con su oficio de chofer, hasta integrarse a la orquesta de Horacio Salgán: "Estuve nueve años, comencé por el 49. Salgán es el genio del piano. De lo que hace él, nadie. Porque vos hablás de que fulano es buen pianista, buena persona, pero como Salgán, cuidado. Es el inventor. Yo era en la orquesta un instrumento más. Eso se percibe poco a poco en las grabaciones porque antes se grababa derecho, todos juntos, ahora graba la orquesta y se va, el cantor lo hace después. Con Salgán fue mi perfeccionamiento, cantar con él no te creas que es fácil, es muy difícil, hace un ¡tanl y tenés que entrar justo ahí. No es como el gordo Pichuco que entrabas donde querías y te empujaba, te pateaba. Después de haber cantado con el Gordo y Salgán, no querés más. Canté con Federico, con Baffa, con Berlingheri, con Pontier, con Stampone, ¡qué querés de mi vida!

Hay temas que no los canté más, como Carrusel o aquel de 'recién lo comprendo/ tengo tibio el hombro de tu pelo manso madurado a besos …', porque no hay orquestación, no hay arreglos y hoy un arreglo cuesta mucho dinero, un arreglo para quinteto te digo, imagínate uno para orquesta. Eso desapareció, estaba grabado en Montevideo, Federico Silva, Tamar. ¡Qué grande, Dios mío! Tamar es de Berlingheri, imaginate que él vive de esto y no puedo ir a pedirle un arreglo porque sé que no me va a cobrar ".

A Goyeneche le importa la letra: "Comprendo el drama del poeta. Así entendí la filosofía de Homero, que como dije hablaba con puntos y comas. Yo tengo 62 años y recién me entero que el tango dice 'te acordás Milonguita vos eras' porque toda la vida escuché 'te acordás Milonguita voseras'. Hay tipos que no se detienen a pensar la letra, les interesa solamente colocar la ¡voooooooz! El tango es otra cosa, hay cantantes que son solamente plin plin plin, hay mucho de eso. El último disco que hice (se refiere a El PoIaco por dentro) con arreglos de cuerda de Carlos Franzetti y poca intervención bandoneonístíca, fue grabado con 55 músicos del Colón y algunos no lo entendieron porque esperaban el chán-chán, porque para esos tipos si no es así, no es tango.

El cantor sabe que la vida es ese disco negro que gira enloquecido, un agujero absurdo que reparte naufragios, Ia púa perforándole el cuore. Y mientras canta abriendo los brazos como formulando una pregunta que no cabe en el cuerpo, ve pasar a Troilo, a Barquina, sus amigos de siempre: "¿Viste alguna película del Gordo Pichuco"? La cuna de genio se le nota hasta en la manera de sentarse. Él se desabrochaba el saco, se sentaba, si venía una dama se levantaba, se abrochaba el saco, eso es un señorito nato, eso es enseñar a vivir, a respetar, a querer. El orgullo mío es haberme formado con esa gente. Barquina, Barquinazo, venía todos los días al cabaret; yo le canté Barquina cantor de mi barrio."

Tiene 30 años. El pibe y el artista son uno. Aquel que canta en la orquesta de Troilo junto a Angel Cárdenas, el intérprete de motivos criollos que lo rotuló para siempre con el apodo de "Polaco". Corre el año 56. Goyeneche se integra a la formación musical de Troilo y graba 51 versiones antes de abandonarla a mediados del 64 para seguir como solista. Cuatro años después ya es ampliamente conocido como uno -sí no el primero- de los mejores intérpretes de la canción ciudadana. "Goyeneche es la mejor voz del tango" es el título de una nota que Hipólito J. Paz le dedica por esos días en la revista Confirmado.

Goyeneche canta hasta con las manos en un lugar que se hace costumbre para los amantes del género, el Caño 14. Desde allí muerde las ve, pone énfasis en lo que cuenta, se repliega en las pausas, susurra tras la hojarasca de sus manos, arrastra las erres, se concentra y vuelve a colocar las palabras en el tendedero del sentimiento. Para Horacio Salas, Goyeneche canta aun con los silencios: "Su personalidad fabrica climas, como si estableciera previamente el decorado, el ambiente en el que se desarrolla cada situación narrativa", para añadir que "él creó una manera, un acento, un estilo de cantar como si inventara cada tango o -lo que es lo mismo- como si cada tango lo inventara a él". Cuando le comento esa última opinión en una mesa del San Quintín en su barrio de Saavedra asiente y lo comunica con entusiasmo a los amigos que están detrás de barra: "Mirá che, escuchen esto!"

El cantor tiene un micrófono que oscila como un péndulo como si le quemara pasa de una mano a la otra, pero las que queman son las palabras que pujan por salir y que dicen que "primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y al fin andar sin sentimiento", esa letra de Homero que hay que glosar, desglosar delicadamente. La voz del Polaco lo hace posible y cree ver pasar un camello por el ojo de una aguja, porque ¿cuántos cantores no habrían hecho un sustancioso puré con los versos de Expósito?

"A mí siempre me interesó el cantor, te nombro por ejemplo uno que no canta más, ¿por qué? porque se descuidó, se llamaba Jorge Durán, escúchalo. La voz era un cañonazo, pero tenía un lomo así (abre los brazos desmesuradamente), imaginate que tenés más reservas físicas, más polenta. Después, todos los cantores son iguales para mí... no me hagas hablar. Rufino, ¡qué cantor! No, los que dicen que el tanguero está clavado en el tiempo se equivocan; Rubén Juárez hace temas nuevos porque María, Malena y Garúa, fueron nuevos en un tiempo y había que darlos a conocer. Él tiene una idea que yo respeto y lo admiro y lo quiero mucho porque es un cantor de la pucha que lo tiró. Me dijo: 'Polaco, dejá que yo hago lo mío, ya lo van a conocer'. Y tiene mucha razón, hay que evolucionar.

Cuando yo dije hace mucho que me gustaban Los Beatles y Rolling Stones, me tiraron piedras. Pero si todos los pibes de ahora... Nito Mestre, Baglietto, Lerner, Fito Páez... qué rico es Fito. A Charlie (García) también lo vi. Me dicen maestro y yo les digo ¿cómo maestro? ¡Ustedes son los taquilleros! También me gusta Sinatra y todavía más Tony Benet. Siempre me gustó el cantor, no el plin, plin. Yo iba a ver al chansonnier no al cantante, al diseur iba a ver".

Goyeneche está envuelto ya en los papeles de la noche, enredado en el humo de la conversa, nadando entre las sombras de la canción, porque la noche es acaso el cielo del tango y cada noche él traspapela a María para encontrarla dentro de una lámpara que se llama fueye. Y la orquesta es una polvareda en esa carrera donde todos los pingos están cabeza a cabeza. Un ámbito sobrio donde no falta el toque humorístico como cuando un cantor aficionado doblegó la paciencia de Troilo, quien accedió a escuchar una de sus interpretaciones. Pero después de anunciar el tema Tinta roja el cantor se despachó con un largo "paredón" y de inmediato Troilo lo envió sin escalas a las intimidades de su hermana: "Otra vez hicimos una gira como diez cantores. Mi señora me ponía un alfiler de gancho para sujetar los pantalones en la percha. Pasó que yo lo tenía así, sin darme cuenta, entre los dedos, y uno de esos cantores preguntó para qué llevaba aquel alfiler. Ni lerdo ni perezoso alguien le dijo, confidencialmente, que sin eso yo no podía cantar, que era una especie de cábala. Después subió a cantar Floreal y me lo pidió prestado, subió Marino y me lo pidió, así todos hasta que el tipo al que le habían vendido el verso dijo '¡paren viejo, a ver si se lo pierden y el Polaco no puede cantar nunca más!' 

Los cantores son muy supersticiosos, hay tangos que no se pueden cantar (se vuelve hacia sus amigos que siguen en la barra del bar). ¡Y estos pelotudos me joden con eso! No se puede nombrar a la bicha ésa... el ofidio. Pero yo no llevo ningún amuleto, llevo nomás mi virgencita de París, de Notre Dame. Le dije, perdoname que sea absolutista, usted es mi virgencita. ¡Y no sabés cuánto me ha cumplido! ¡Milagros! A veces sueño que me toca la cabeza y me dice llevame siempre con vos".

El cantor se hamaca, su voz pastosa trastabilla para decirnos a todos, a cada uno, que "parece un pozo de sombras la noche". Nuevamente alarga un dedo hacia un teclado que él sólo puede ver. Muchos se preguntan desde dónde canta este tipo flaco que se dibuja o desdibuja según el polvo de su voz; desde qué lugares nos habla. Y vamos a buscarlo tras los armarios, bajo la cama, adentro de la cañería del agua, en el reverso de los retratos que cuelgan de la pared. ¿Desde dónde? ¿Desde la noche?; "De la noche podría hablar mucho, pero del día no. A mí el sol me hace mal, yo soy amigo de la luna. La noche te enseña qué es lo bueno. Vos estás a mitad de cuadra y la noche te indica: agarrá para el lado bueno que vas a andar derecho, respetá al amigo grande que es el que te va a aconsejar bien. Hay gente que cree que fulano o mengano son atorrantes porque salen de noche. ¡Pero sale porque no tiene sueño! Hay que tener patente para ser atorrante, hay que hacerse amigo de la noche, que ella te cobije".

Goyeneche está volcado sobre una mesa llena de papeles. Son letras de tango. Resulta raro que nunca haya intentado una propia, aunque admite sí tener una buena guía melódica y amenaza con musicalizar cualquier texto que se le alcance: "Piazzolla en la película Sur me trajo un texto hoy para grabarlo mañana. ¿Y cómo es? Y lo grabé. Después le dije que le había cambiado una nota y me contestó: si lo cambiaste vos, entonces está bien. ¡Astor-Pia-zzo-lla!".+

El cantor estuvo alguna vez en un programa de televisión cantando Sabor a mí, pero el asunto fue verdaderamente una excepción: "No. nunca canté otra cosa que tangos, salvo en aquella audición un poco en joda… tanto tiempo disfrutamos este amor... el bolero me gusta. Mirá, hay un bolero que se llama Hilos de lluvia que dice (vuelve a cantar) mordíéndome los labios con los dientes, para no gritar tu nombre, así te vi partir, mis dedos con un dejo de impotencia se agitaban hacia ti, unido por los hilos de la lluvia fui un títere que grita entre las sombras... y en Ias sombras soy la sombra que te nombra... vuelve a mí, vuelve a mí, vuelve a mí, vuelve amor que sin ti comprendí qué triste es el silencio... sin tu amor, ¡qué amarga es la angustia cuando tú no estás! La mejor cancionista de boleros del mundo se llama Elena de Torres".

El cantor mira por la ventana del San Quintín, abstraído, ausente por un instante, escuchando quizá el rumor que viene de la calle o los ruidos de los vecinos, esos "cosos de al la'o" que en una letra de tango no dejan de hablar en voz alta, de reírse, de acercar sillas al centro de la habitación para formar una rueda. Alguien opina -arriesgando una metáfora del país- que sería lindo que las cosas fueran como en esa casa y el cantor asiente y arguye que esos vecinos "están de fiesta porque sí, porque volvió la piba que se había rajado y que además trajo un purrete. ¡Pero Dios los bendiga, viejo!

Antes de dejar la mesa del bar, Goyeneche habla de algunos programas televisivos de tango y señala sus preferencias, aunque en general ve la cosa floja y larga una pregunta: "¿Cómo hacían antes, cuando no había televisión, para aburrirse?" y no para de reírse. El humor se prolonga cuando habla de su inminente gira por Japón, la primera a ese país donde tanto gustan de la música de Buenos Aires: "Voy por primera vez, son muchas horas de vuelo. Una vez le dijeron a Pichuco por qué no iba a Japón y contestó que para qué iba a ir si allá no conocía a nadie".

Salimos del bar San Quintín y en la calle todavía se hilvanan algunas frases entre el cantor y el cronista…
- ¿Vos te escuchas, Roberto? ¿En qué tangos?
- Los temas que me gusta los escucho, sí, Afiches, Maquillaje, Naranjo en flor, me escucho con Troilo, con Salgán, con Atilio Stampone…
- ¿Por qué los demás cantores no hacen ese repertorio?
- No los cantan. Stampone me dice: vos me lo hacés y no me lo canta más nadie.
Es un piropo que te dice un amigo.



31/5/17

Dónde estarán... Traverso, El Cordobés y EL Noy... (3a. Parte)

Por Víctor Di Santo

EL PARDO AUGUSTO

AUGUSTO o AGUSTÍN DÍAZ (a) "El Pardo Augusto". Le tenemos registrada su primera entrada el 30 de agosto de 1877, en la comisaría 20a. por cargar armas, donde declara tener 18 años de edad.

- El 20 de octubre de 1878 es detenido en la comisaría 13a. sospechado de hurto. El 23 de marzo de 1895, la comisaría 5a. solicita su captura acusado de hurto en un tranvía y da la siguiente filiación: argentino, de 27 años, alto, delgado, pardo, pelo mota, bigotes negro, ojos pardo, viste traje gris oscuro, corbata azul marino y sombrero pamela negro. Es detenido el día 26 por la causa anterior y en su filiación se agrega: casado, tipógrafo y se domicilia en Lavalle 353.
- El 24 de marzo de 1897 asaltó a don Luis Ochoa en la calle Caracas de Flores y le infirió con un cuchillo un tajo en la cara. La policía estimó se trataba de una venganza.
- El 25 de febrero de 1898 es detenido por la comisaría 9a. acusado de atentar con armas contra un agente.
- En la orden del día del 23 de enero de 1899, el juez de feria, doctor Luis Peyret, ordena la libertad del procesado Augusto Díaz.
- El 5 de setiembre de 1899 es detenido por la comisaría 17a. acusado de hurto y declara domiciliarse en San Salva­dor 90.
- El último hecho delictivo que le tenemos registrado, lo tomamos de "La Nación" del martes 21 de noviembre de 1899 y por creerlo interesante lo copiamos en su totalidad:

"Captura: Hace algunos días dimos la noticia que un atrevido raspa, merodeando por los mostradores del Banco Británico de la América del Sud, después que un comerciante había efectuado un depósito de dinero por valor de 5.000 pesos y un cheque por 49.000, con todo atrevimiento han levantado la ventanilla, llevándose el dinero y los cheques. El raspa fue visto y capturado, pero nada se le halló. La comisaría de investigaciones no perdió de vista el hecho y ayer capturó a Agustín Díaz (a) "El Pardo Augusto", que se cree sea cómplice en el robo. Esta captura estaba recomendada por el juez de instrucción".

Después de este "trabajito" no hemos hallado nunca más su nombre; o bien pasó a mejor vida o se retiró a disfrutar de los suculentos "bataraces" que le tocó en el reparto.

FLORES

ISABELINO FLORES (a) "Cartucho". La primera entrada se la tenemos registrada el 11 de diciembre de 1881 a los catorce años de edad, por robar una bolsa de lana de los carros del Mercado Constitución.
- El 1° de enero de 1883 es detenido en la comisaría 10a. por robar tres pañuelos de cuello. Al ser interrogado declara ser hijo de Máxima Flores y vivir en la calle del ramal del ferrocarril de la basura (antes Soria y actualmente Sánchez de Loria) entre Venezuela y México.
- El 6 de mayo de 1885, pelea a cuchillo con Arturo Pizarro, otro L.C. de largo historial, en la calle Córdoba entre Maipú y Esmeralda, resultando Pizarro con un hachazo en la cabeza y dos heridas en el brazo.
- El 26 de setiembre de 1887, en el cafetín de Talcahuano esquina Paraguay, agredió junto a otros a un sargento 2° de la comisaría 15a. haciendo uso de un rebenque.
- El 6 de setiembre de 1892, en la esquina de Viamonte y Cerrito, se tomó a golpe de puños con Antonio Macías, provocándole lesiones.
- El 25 de octubre de 1896, en el almacén de Charcas y Bustamante, hiere de una puñalada en el costado izquierdo, al vigilante de la comisaría 1a. Luis B. Mendoza.
- En la Orden del Día del 12 de julio de 1902, se pide su captura acusado de lesiones a Inocencio Martínez y se da su filiación: Argentino, de 35 años, blanco, bajo, grueso, pelo negro, bigote ídem, vestía traje de saco color gris, sombrero chambergo negro y calzaba botines de cabritilla enterizos.
- Esta registrado en la comisaría de investigaciones como L.C. y retratado con el número 13. Esta numeración data de 1887, cuando era comisario de pesquisas José S. Alvarez,  y publicó la "Galería de Ladrones" que contenía 200 fotografías, filiación, antecedentes y "especialidad" de los más conocidos delincuentes de la capital ("Fray Mocho" (16/10/1886 - 3/8/1887).

En nuestro fichero, aparte de las transcriptas, le tenemos anotadas 30 causas entre lesiones, portar armas, desorden, robo con fractura, estafa, hurto y desacato, además de 32 infracciones por ebriedad.

El último registro que le anotamos es del 3 de enero de 1918, cuando es encontrado herido de una puñalada en el costado izquierdo del pecho en la esquina de Belgrano y Azopardo por personal de la comisaría 22a. Al ser interro­gado manifestó que fue lesionado por un desconocido, pe­ro al día siguiente se presentó en la comisaría 19a. su concubina, declarando que su heridor era Pablo Ratti (a) "Chiquito". Puesto en conocimiento de Flores, éste mantu­vo su declaración anterior. "El hombre para ser hombre, no debe ser batidor".

EL MOROCHO ALDAO

De este personaje no hemos hallado ninguna constancia legal, solo una mención hecha por Tito Lusiardo, quien en lugar del "morocho", lo menciona "el machito".

Al comenzar esta nota aclarábamos lo riesgoso de las tradiciones orales, en cuanto a nombres, fechas y sucedidos. Creemos que se trata de la misma persona, de no ser así el recuerdo vale ser comentado, no solo por lo simpático sino por tener relación con Carlos Gardel, tan caro a nuestros sentimientos. La anécdota fue rescatada de la desaparecida revista "Cantando" N° 170 del 5 de julio de 1960 y en ella Lu­siardo refiere:

"Una noche en el café que estaba al lado del teatro 'Olimpo', en la calle Pueyrredón, la 'cana' había arrasado con todos. Entre ellos se encontraba el 'machito' Aldao, uno que por una corajeada había pasado algunos años entre rejas". Cuando llegó Carlos se lamentaban todos, - "Lo van a hundir para siempre, ya le hablan dicho que no lo querían ver por aquí". ''- Vamos a la comisaría", dijo Carlos y para allá rumbeó con su guitarra.

- "Es un buen muchacho, comisario"-, - "será bueno para vos, que llevás guitarra para hacer llorar a las mujeres"-, - "y a los hombres, comisario"-, :- ''está bien, cantá y si me hacés llorar a mí te lo largo".

El "morocho" cantó tres, cuatro, cinco tangos, hasta que llegó "Pobre mi madre querida" y el comisario salió sin decir nada. Poco después apareció un sargento con Aldao: - "dice el comisario que lo perdone, tiene mucho que hacer".

Este trabajo evocativo no tuvo otra pretensión que presentar a quienes estaba dedicada la nota, no como mito imaginario, sino como hombres de carne y hueso; con defectos y errores, sobrellevando cada uno de ellos la pesada cruz de su destino. Por otra parte, demostrar que todos los personajes del tango no son creación literaria y, si bien los nombrados no fueron más que ladrones o malevos, tuvieron la gloria de vencer el tiempo y el olvido gracias a la letra de un tango.

Quienes se avergüenzan de los orígenes de nuestra música popular, serán víctimas de su propia vergüenza. El tango nació como nació: entre prostitutas y rufianes, ladrones y malevos, en un mugroso conventillo, un sórdido café o un patio lupanario; qué más da, es nuestro y tal como fue lo queremos y como le hacemos un "pito catalán" a los prejuicios, nos confesamos hoy y aquí, enamorados Y­ orgullosos de nuestro tango.

(Publicado en la Revista "Club de Tango" – N° 18, Marzo/Abril de 1966)

30/5/17

Dónde estarán... Traverso, El Cordobés y El Noy... (2a. Parte)

EL NOY

JUAN DAGUERRE o SALVADOR VIGNOLO o CAYETANO LAURO (a) "Noy", es quizás el más mentado de los personajes recordados por Cadícamo.

Prontuariado como L.C. desde su primera juventud, tenía el don natural de la simpatía con la cual se granjeaba incondicionales amistades, aún de aquellos que pertene­cían a un nivel social superior al suyo.

Para ratificar nuestro juicio transcribimos un fragmento del comentario periodístico del diario católico "El Pueblo" a su muerte:

"Era Noy un joven de figura simpática y gallarda apostura y aunque su instrucción no era muy esmerada, su conversación resultaba agradable y variada. Era considerado como uno de los más hábiles ladrones de la Capital. En la policía ha tenido numerosas entradas por robos y hurtos, de los cuales pueden contarse con los dedos aquellas que se le han podido probar. Tanto como tenía de inteligente y audaz, tenía de valeroso y así es como se vieron varias veces en serio aprieto aquellos que tenían orden de aprehenderlo, cuando el hecho por el que se lo procesaba temía que se le pudiera probar".

Por su parte el oficia! de servicio de la comisaría 7a., Federico A. Gutiérrez, que intervino en el hecho e hizo trasladar su cadáver a dicha dependencia, recordaba años más tarde, al ser exonerado de la policía por sus ideas anarquistas, en un folleto titulado "Noticias de Policía", lo siguiente:

"Una noche de carnaval, hace tres años o tal vez cuatro, fue muerto en pelea un individuo valiente y bueno, que era ladrón como podía haber sido prócer, sencíllamente.

La patria exige de sus hombres que sean bravos; el heroísmo no es el talento, la laboriosidad o la honradez; el heroísmo es el valor de la garra y el hedor de la sangre. La patria habrá llegado a su excelsitud  cuando las hienas usen morrión y dragona de oro.
Ese prócer pues, tenía un cuchillo, complemento de su persona y diez o doce mujeres. Su cadáver se veló dos noches entre sollozos y se lo disputaron a lágrima vida y a puñetazo vivo también, infinidad de admiradores. Era  casi popular su alías "El Noy", como temible su cuchillo de pendenciero".

Su historial delictivo comienza a los 15 años, recién llegado de Montevideo, teniendo registradas entre octubre y diciembre de 1892, 5 entradas por hurto. Compañero de andanzas y juego en su adolescencia fue Nicodemo Galin­dez (a) ''Tallista'', de su misma edad, quien años después se destacaría como payador, cantor y autor de temas populares, como "El canto de la selva" grabado por Carlos Gardel.

El 4 de setiembre de 1893 comete el único homicidio que se le conoce, hiriendo de una puñalada a Juan Ruatti en la esquina de Pavón y Santiago del Estero, por cuya causa fallece dos días después en el hospital Rawson. La víctima en el momento de ser socorrido por la policía, declaró que su victimario era un tal "Noy", cuyos otros nombres desconocía.

La policía tras largas investigaciones, lo sorprendió detenido el 21 de ese mes en el depósito de contraventores de 24 de Noviembre, donde había sido enviado por ebriedad de la sección 16ª, el día 16. Esa es la primera vez que aparece su apodo "Noy", vocablo familiar de origen catalán que significa "muchacho".

El 20 de julio de 1897, en el interior del prostíbulo de Rincón 1537, hirió de una puñalada en el muslo al sargento 1° de la sección 18a., José del Prato, que cumplía su recorrida. Sospechamos el motivo de la agresión en un asunto de polleras, ya que la concubina de "Noy", Elvira de Paoli, trabajaba en dicha casa.

El 4 de diciembre de 1900 el fiscal doctor Cano le solicita 3 años de prisión por robo, confirmando el 22 de julio de 1901 el juez del crimen doctor Eduardo French, a cumplir la pena solicitada por la fiscalía. Pero al parecer permane­ció en libertad, pues es detenido el 1° de agosto de ese año acusado de asalto y robo. En 10 que resta de 1901 le registramos 4 entradas por robo, 3 por disparo de anma de fuego y un sobreseimiento por lesiones.

El 11 de febrero de 1902 durante los festejos de carnaval, es protagonista de una audaz evasión junto a otros presos del cuadro 2. del Departamento de Policía. Aprovechando la algarabía producida por el corso instalado en la avenida Belgrano, se introdujeron por un agujero que había en el techo del calabozo, bajaron por una claraboya al patio del cuartel de bomberos y salieron por la puerta que daba a Belgrano en momentos que desfilaba una comparsa, mezclándose en ella.

Al día siguiente, luego de pernoctar en los alrededores de la quinta de Navarro Viola, en las cercanías de la avenida Caseros, se dirigieron junto con Domingo Chequi (a) "Jerguita", uno de los evadidos, a la ciudad de Pergamino donde a la semana fueron detenidos y trasladados a esta capital.

Para finalizar con su "foja de servicios" diremos que superan el medio centenar las entradas en la comisaría de investigaciones por delitos de distinta índole, aparte de las contravenciones por ebriedad, desorden, portación de armas y desacato. Una advertencia, sobre todo para los escribas que le inventaron y le siguen inventando hazañas de cuchillero: en tantos hechos comprobados, no le hallamos un solo duelo criollo, siempre pegó primero y preguntó después.

Su fama de pendenciero, sus hazañas de lunfardo y su crédito de guapo, se desdibujan ante el recuerdo de su muerte, fielmente preservada en la memoria del pueblo y lamentada en los versos simples pero sentidos de Andrés Cepeda, su leal amigo y L.C. de vida tumultuaria, cantados por décadas por la mayoría de los troveros populares.

En la madrugada del miércoles 25 de febrero de 1903, en pleno bullicio carnavalesco, a las 3.15 hs. "Noy" se encontró con Cayetano Osuna, quien iba acompañado de una mujer disfrazada de "Dominó", en la puerta del almacén de Lavalle 2100 esquina Junín, propiedad de Manuel Vidal. Antiguos resentimientos, por mujeres probablemente, pues esa era zona de prostíbulos y los dos tenían sus intereses en esa clase de "negocios", originó un violento cambio de palabras entre ellos.

El oficial Gutiérrez. en su folleto citado, dice que el origen de la discusión fue: -"una morocha que... Ay, mi Dios".

A una seña de "Noy" ambos se dirigieron por Lavalle hacia Ayacucho y al llegar frente a la cochería de Lavalle 2068, Osuna sacó su revólver y saltando a la calle hizo cinco disparos contra "Noy", a tiempo que éste desde la vereda disparó dos veces contra su agresor sin dar en el blanco.

El último disparo de Osuna dio en el tórax de "Noy", quien cayó sobre la vereda, pero levantándose y desenvainando un cuchillo que llevaba en la cintura corrió tras Osuna, que había emprendido la retirada e intentaba guarecerse en el prostíbulo de Lavalle 2068. "Noy" alcanzó a llegar al medio de lacalle de las esquinas de Lavalle y Junín, donde cayó muerto. La bala de Osuna le había atravesado el corazón.

En el revólver de "Noy" se hallaron dos cápsulas picadas y una sin servir, indicio que éste efectuó dos disparos, aparte de los otros dos con que repelió la agresión de Osuna, comprobado posteriormente por manchas de humo encontradas en su mano izquierda, pues era zurdo, como se demostró en las diligencias policiales. El proyectil que produjo su deceso, se introdujo en el sexto espacio intercostal, según informó el médico de policía doctor Malitón González.

Reconoció el cadáver el sujeto José Castro, también de malos antecedentes, domiciliado en Laprida 777, quien declaró ser primo y único pariente del extinto en este país. "Noy" en una causa por robo en setiembre de 1901, donde intervino la comisaría 16a., declaró que tenía un medio hermano por parte de madre llamado Eugenio Lampo, con domicilio en Paseo Colón al llegar a Humbeto 1°. La comisaría 14a. comisionada a verificar lo dicho por "Noy", informó que en ese paraje no se conocía a ninguna persona de ese nombre y apellido.

La verdadera filiación de "Noy", según constancia del certificado de defunción publicado en la sección inhumaciones del 26 de febrero, era Juan Mayaus o Mayano, oriental, de 26años, soltero, blanco, domiciliado en Viamonte 207.

De la documentación consultada surge que "Noy" provocó el lance y que el homicida hasta el instante de hacer armas quiso evitar la pelea. Esta conclusión está confirmada al haber en la comisaría 9a. una denuncia hecha por Osuna contra "Noy", de fecha 14 de febrero, es decir, 11 días antes del suceso, por amenazas de muerte, que la seccional policial desestimó por no ser habido el acusado.

Cayetano Osuna en el momento de cometer el homicidio, era argentino, de 29 años, trigueño, panadero, alfabeto y domiciliado en Ombú (Pasteur) 321, con los siguientes registros en la comisaría de investigaciones:

- 23 de noviembre de 1896, hiere de una puñalada por cuestiones de juego a Fabio Escobar en el café de Triunvirato 862.
- 6 de octubre de 1897, es detenido por la comisaría 1a en indagación por lesiones.
- 6 de enero de 1898, agrede a un vigilante con cuchillo.
- 9 de julio de 1898, es puesto en libertad por gracia presidencial, ante el juzgado del doctor Ernesto Madero.
- 16 de junio de 1899, lesiona a la prostituta Rosa Fernández, por negarse ésta a seguir viviendo en concubinato.
- 24 de mayo de 1902, es detenido por la comisaría 31a. por amenazar de muerte con un cuchillo a Mateo Correa, en su domicilio de Corrientes 4521.

Como vemos, Osuna no era ningún "nene de teta", por el contrario, hombre de armas llevar y de no andarse con chiquitas. Pese a ello y, lo reiteramos, hasta el último momento no quiso pelear con "Noy", pues respetaba o temía, no lo sabemos, al rival que debía enfrentar.

En los primeros meses de 1904 fue condenado en primera instancia a cumplir cuatro años de presidio, por homicidio con el atenuante de provocación. Apelada la sentencia, la Excelentísima Cámara de Apelaciones confirmó la anterior, rechazando por improcedente el recurso de revisión de la causa, conforme al dictamen del fiscal de la cámara Dr. L. Segovia, quien expuso que, si el crimen debía juzgarse en esos momentos con el arreglo a la ley 4.189, le correspondería como mínimo diez años de presidio. Esto ocurrió en 1905.

Como conclusión relataremos una nota tragicómica producida durante el velatorio de "Noy", realizado en la avenida San Juan 1780, frente mismo de la comisaría 18a. Es de imaginar que el gremio delictivo de Buenos Aires no podía estar ausente en la última cita de uno de sus más destacados miembros y el acto de presencia de los más conocidos L. C. de la metrópoli, fue casi masivo.

El personal policial de la citada comisaría, al observar el incesante desfile de sujetos de malos antecedentes penetrar al conventillo vecino, por precaución rodeó la cuadra y procedió a la detención de 20 individuos, todos con causas anteriores, escapando otras cuarenta por los fondos y viviendas linderas.

28/5/17

Dónde estarán... Traverso, El Cordobés y El Noy... (1a. Parte)

Por Víctor Di Santo

La evocación del Buenos Aires de principios de siglo y la intención de rescatar algún personaje popular de la época, no ofrece otra alternativa que hurgar en las amarillentas páginas de los periódicos o en los polvorosos legajos de los archivos, donde yacen abandonados por el tiempo y el olvido.
Quienes no practican este método, por lo fatigoso del trabajo, caen en el lugar común del "refrito", dando como cierto lo contado por algún memorioso, quien, apelando a su vez a historias oídas, pergeñó la figura de un malevo, comentando hazañas, anécdotas y entreveros, en las que siempre desempeñó papel principal.

Estas riesgosas tradiciones orales llegan a nuestros días totalmente deformadas en su contexto y alteradas por el decurso de los años, sin otro aval que la honestidad de quien las cuenta.

Las memorias del tango, al igual que la mayoría de los motivos populares, padecen esta enfermedad desde sus mismas raíces. La información precisa, la fecha exacta y la cita documentada son consignadas en rarísimas excepciones, dando motivo a tratar el mismo tema por diversos autores sin determinar la exactitud o fidelidad de lo que se trata. Por lo expuesto nuestra pregunta es:

 -"Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy,
el Pardo Augusto, Flores y el morocho Aldao".

como los recuerda Cadícamo en el tango "El cantor de Buenos Aires", con música de Juan Carlos Cobián.

Antes de entrar en la nota que nos ocupa, nos plantearemos un interrogante: ¿El ser mencionados en una letra de tango los habilita a ser partícipes de la historia del mismo? ¿Cuál fue el mérito para tal prerrogativa? ¿Tener cartel de guapo fue crédito suficiente?

Los personajes evocados en esta nota, por su ambiente y medios de vida, eran hombres de la noche y habitués de cafés cantantes, cafetines cercanos a los prostíbulos o los kioscos de Palermo, donde el tango tenía predominio sobre los demás ritmos musicales de la época. La mayoría de los nombrados, a excepción de Traverso, estaban registrados en la comisaría de investigaciones como L. C. (ladrón conocido), retratados en la galería pública y fichados en Defraudaciones y Estafas.

Es de suponer que la mayoría de los nombrados han sido bailarines de tango, teniendo por escenario de sus habilidades coreográficas, los patios de los conventillos, las romerías populares o los bailongos de medio pelo, donde el elemento popular era exclusivo.
En los últimos años del siglo pasado, donde nuestros biografiados habían iniciado sus andanzas noctámbulas, el tango era viejo conocido de las clases populares y era ejecutado por músicos anónimos. Para aseverar nuestro concepto, transcribimos fragmentos de una nota periodística de mayo de 1896: "Provistos de flautas, violines y guitarras y al son de un ruidoso tanguito criollo y compadrón, caminaban esta mañana en grupo por la calle de Paso, media docena de individuos alegres". Otra. En los bailes de carnaval de 1898, un cronista apunta: "Las orquestas no han alterado sus programas. Se oyeron las empalagosas habaneras de costumbre... malas, los tangos con quebrada y vericuetos, las mazurcas compadronas y los valses de circo de vida perdurable".
Conste que estamos hablando del siglo pasado y el género estaba perfectamente definido, "tango criollo" y "tango con quebrada", lo que indica no ser una rareza, pues a dos años de diferencia entre una nota y otra, pu­blicada en distintos periódicos, cada cronista sabía de lo que se trataba.
Ubicada la época, aportaremos algunos datos de los personajes nombrados por Cadícamo, dejando constancia que los mismos fueron hallados en la sección policial de los diarios y en los libros de comisaría; por lo tanto lo que expondremos serán hechos y sucedidos en el submundo del delito.
TRAVERSO
JOSÉ TRAVERSO (a) "Cielito", autor de la muerte de Juan Carlos Argerich, hecho ocurrido en la madruga­da del 22 de diciembre de 1901 en el kiosco de Avda. Sarmiento y Vieytes (hoy Adolfo Berro), propiedad de Aqui­les Giardini. (Ver nuestro trabajo "La cosa fue en el 'Tambito' allá por el 900", publicada en Club deTango N° 11, pág. 18/21).
La responsabilidad de "Cielito" en el homicidio de Argerich, como las circunstancias que rodearon al mismo y sus derivaciones posteriores, fueron expuestas en la nota citada, por lo cual prescindiremos de su reiteración.
Los Traverso fueron ocho hermanos, hijos de Agustín Traverso y María Stagno, quien falleció el 31 de marzo de 1906. Los varones fueron: Constancio, casado con Adela Gente; José "Cielito", Luis "Yiyo" y Félix "Felicín" y las mujeres, Luisa, casada con Luis Landoni, Florinda casada con José Leoni, Benedicta casada con Alfredo Baré y Palmira casada con Alejandro Gianoni.
CONSTANClO, el mayor, fue hombre de confianza del doctor Benito Villanueva y tuvo comité aliado del Mer­cado de Abasto, Anchorena 666, domicilio donde fueron velados sus restos el 31 de agosto de 1917, sobreviviéndole sus hijos, María Elena, Alberto, Luisa, Raúl, Nelly y Jorge. Falleció frisando los 50 años de edad.
JOSÉ: A quien le perdemos todo rastro luego del episodio del "Kiosquito", fue indultado en fecha que desconocemos (¿1904/1905?) radicándose en el Depar­tamento de Tacuarembó, República Oriental del Uruguay. Al fallecer su madre, marzo de 1906, participa del mismo como ausente, por lo que suponemos se hallaba en el exilio, estando presente en el sepelio de su hermano Constancio, indicio que se encontraba en Buenos Aires en setiembre de 1917.
LUIS o ALBERTO "Yiyo", amigo y protector de Carlos Gardel, quien quedó a cargo del café O 'Rondeman cuando su padre se alejó del mismo (sospechamos que via­jó a Italia), sito en Laprida 524 (luego Agüero), donde halló la muerte el 22 de julio de 1923.
FÉLIX "Felicín", el menor de los varones y al pare­cer de "pocas pulgas" por lo que vamos a relatar. El lu­nes 1° de junio de 1903, se presentó en horas de la madrugada al agente de facción en la esquina de Callao y So­ler, el sujeto Domingo Escopeta en completo estado de ebriedad, manifestándole que noches anteriores fue arroja­do del café de Laprida y Humahuaca. luego de haber tomado unas copas, por el hijo del dueño de apodo "Felicín" y herido por éste en el brazo izquierdo con una navaja. Requerida su presencia en la comisaría 11a. negó la imputación, quedando en libertad por falta de mérito.
- El lunes 15 de agosto de 1904 es remitido por la seccional 5a. en averiguación a la Comisaría de Investigaciones, de donde informan que no registra antecedentes. En la filiación declara tener 18 años.

El domingo 5 de mayo de 1907, alrededor de las 9 de la noche, comete un homicidio en la persona de Francisco Gattadi, quien de testigo ocasional de un altercado entre otras personas, resultó la víctima fatal. A la hora indicada, en el interior del café de Agustín Traverso, penetró el joven Luis Bosco pidiendo un café a uno de los dependientes; como tardara en ser atendido le hizo el reclamo al mozo Héctor Barranquelle, con quien por tal motivo tuvo un cambio de palabras, dando éste puso fín a la cuestión aplicándole una bofetada en la cara.
Bosco, en lugar de responder la ofensa, se dirigió a su domicilio poniendo al tanto de lo ocurrido a su hermano Francisco, persona bien reputada en la zona y mayorista del Mercado Proveedor, quien se apersonó al citado café para aclarar lo sucedido.
Al entrar encontró sentado alrededor de una mesa al mecánico Francisco Gattadi y acercando una silla compartió la misma, al tiempo que llamaba a Félix Traverso para que le explicara que había pasado con su hermano. Félix contestó que no había pasado más que un cambio de palabras y señalando a Gattadi, agregó:  - "Si éste quiere puede decir la verdad de lo ocurrido". El mecánico sin inmutarse respondió que el mozo Barranquelle le dio una bofetada a Luis; por toda respuesta, Traverso tomó una azucarera y se la arrojó con fuerza a Gattadi, quien replicó la agresión tirándole la taza de café que tenía en la mano, la que fue a estrellarse en la frente de su atacante.
Se produjo el tumulto consiguiente y en medio del desorden se escuchó un grito de Gattadi quien huyó despavorido hacia la calle, ni bien traspuso el umbral cayó sobre la vereda en medio de un gran charco de sangre. La muerte fue instantánea, pues la herida producida por arma blanca le había atravesado el pulmón. Tras cometido el hecho, Traverso fugó sin poder ser detenido por la policía, presentándose en forma espontánea ante el juzgado de instrucción del doctor Frías, el viernes 10, declarando en la indagatoria que no tuvo participación en el homicidio, desconociendo a su vez quién fuera el autor. Quedó detenido e incomunicado en la alcaidía del Departamento de Policía y a disposición del juez interviniente, ignorando nosotros las derivaciones del caso. A partir de allí nunca más hallamos su nombre. Como dato diremos que en el sepelio de "Yiyo", participaron del mismo las cuatro hermanas mujeres, por lo que es de suponer que tanto "Cielito" como "Felicín" habían fallecido.

EL CORDOBÉS

JOSÉ o JUAN OVIEDO (a) "El Cordobés". Re­gistrado como L. C. y retratado en la galería pública con el N° 700.
- El viernes 24 de agosto de 1900, el comisario de la sección 31a. comunica su detención acusado de robar una montura completa a D. Julián Casares; en la misma declara ser oriental, de 41 años, con 5 de residencia en el país, casado, carrero blanco, analfabeto y domiciliado en Hondu­ras 1676. Por la misma causa y en la misma fecha, la jefatura de policía ordena su captura en la orden del día y al dar su filiación dice que es argentino, como de 40 años, bajo, regular, hoyoso de viruela y tiene una cicatriz en la cara.
- El jueves 4 de febrero de 1904, se toma en pelea armado de cuchillo contra tres individuos que lo enfrentan con palos y sillas; en la trifulca hiere a uno en la mano y a otro en la nariz. Al día siguiente es detenido por Personal de la comisaría 23a. donde le hacen sumario por agresión con armas y lesiones.
(Continúa en 2a. Parte - El Noy)


(Publicado en la Revista "Club de Tango" – N° 18, Marzo/Abril de 1966)