20/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - VI

Ya en Buenos Aires, hice varias actuaciones en Radio Argentina con Roberto Zamora, acompañado con guitarras en un horario muy importante a la noche con mucho público presente. Nunca en mi vida había recibido tal cantidad de cartas como en esa popular audición de las 21 horas.

Luego hice algunas giras acompañado por una gran persona que era Nicolás D’ Alessandro, gran persona.

Recuerdo en este momento una anécdota de ese tiempo. En la noche anterior a lo que me pasó, habíamos tenido un baile con mucho público. Pasaron en un taxi dos muchachones y me saludaron: "Chau Julio!", desde el taxi.

Al otro día me llevan preso. Resulta que esos dos tipos roban el taxi, maniatan al chofer, el chofer se libra de las ataduras y hace la denuncia diciendo que me habían saludado creyendo él que por eso eran amigos míos. Con las preguntas lógicas del jefe de policía, me preguntó quienes eran mis amigos del taxi y si no eran mis amigos, porqué los había saludado. Quise hacerle comprender al jefe, que éramos gente conocida y mucha gente en la calle nos saludaba sin saber nosotros quienes eran – hasta aquí anduvo bien -. Hasta que me pidió los documentos. Cuando vio mi verdadero apellido "Harispe", se puso furioso y me gritó que yo le estaba mintiendo que no me llamaba "Martel". No había manera de hacerle comprender que era el apellido artístico. Así que tuvieron que venir los muchachos de la orquesta, y algunas personas del público y así se solucionó mi anécdota casi risueña.

Yo, ya tenía en ese tiempo la idea de largar. Fue en el mejor momento del éxito y consideraba que la etapa ya estaba cumplida. Quería hacerlo por el respeto a la gente que nos había llevado a ese lugar, para que quedara el recuerdo de lo que había sido ese tiempo lindo para todos nosotros. También para la familia: mi señora Pety, mi hija Julita con mis nietos Nacho, Romina y Akash, y mi hijo Martín y su señora Valeria, y su hija Melisa.

Me viene en este momento a la memoria, el recuerdo de un gran personaje de Buenos Aires que fue Julián Centella – el hombre gris de Buenos Aires -. Nos dimos un abrazo en la calle Lavalle, y como sabía que yo no cantaba más, me preguntó si era feliz. Le contesté: "Soy feliz, fui y deseo que todo el mundo sea feliz".

Me contestó : "Estas condenado a ser feliz" , con esa forma tan particular de decir él las cosas. Será recordado con cariño por todos nosotros. Y no es por vanidad, créanme, que Julián tenía razón al decir que estaba condenado a ser feliz, porque gané tiempo al decidir retirarme ya hace tanto tiempo, que formé la encantadora familia que me acompaña en mi vida, una gran riqueza en la cantidad de amigos, el orgullo de mi pueblo de Munro, que me concedieron el honor de ponerle mi nombre a una plaza de ese pueblo, "mi pueblo". Yo siempre repito lo que dice ese gran personaje que es Alberto Castillo: "Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy". Que me perdone Alberto Castillo.

Yo deje de cantar, pero no dejé de querer ni al tango, ni a sus intérpretes que aún pasado muchos años sigo manteniendo mi amistad y mi respeto por todos ellos. Respeto tanto al tango que en un reportaje que me hizo por radio Héctor Larrea me preguntó: "Julio, por qué no canta más?" y le contesté: "Prefiero que me pregunte porqué no canto más a que me pregunte: Julio, porqué sigue cantando?"

A Héctor le causó mucha gracia y siempre lo repite.

(redactada por Julio Martel)

Miguel Recuerdo.

1 comentario:

  1. Excelente trabajo Miguel. Te felicito de cotazón.
    Ana Rodriguez

    ResponderEliminar