22/5/11

Julio Martel de Igual a Igual - VII

Voy a continuar con el relato de mi vida después de dejar de cantar. Teníamos un peladero de aves y lechones, en el que me puse a trabajar al otro día de dejar el canto, o sea, algo había que hacer, no había otra.

Al poco tiempo, con lo poco que me quedaba de plata, compré una camioneta y entré como contratista en Segba. Llevaba a los reclamistas que eran los que reparaban los fusibles quemados en las casas, yo para hacer un mango mas, trabajaba los dos turnos, o sea 14 horas por día. Dejé la compañía después de varios años, pues entró una empresa particular que me quería cobrar una comisión y consideré que no correspondía que un hombre le tirara la cafiola a otro, y me retiré. Al poco tiempo consigo en una agencia de fletes en Munro, trabajar de fletero, un trabajo muy de suerte, porque en una de esas después de hacer la cola 2 horas, te tocaba llevar una heladera por varias cuadras, hacer de peón bajando la heladera, volver a la agencia y volver a la cola.

Hay en Florida una empresa muy importante que es la empresa "3M Argentina", y por suerte siempre me pedían de dicha empresa para hacer los fletes. Un día, el ingeniero jefe, me propone quedar efectivo. Me quede durante 27 años, en la compra de mantenimiento. Un trabajo de estar en la calle durante casi todo el día, eso me gustó, y además la confianza ilimitada que me tuvieron durante tantos años.

Un día, el intendente de Vicente López, Enrique García, me manda llamar porque quería hablar conmigo. Me ofrece un puesto en el Municipio, en compras y me presenta en su despacho a todos sus secretarios, como amigo de toda la vida y hombre de absolutísima confianza – creo que por mis antecedentes de tantos años en las compras de "3M Argentina"-

Tiempo después, el municipio compra el Cine Astral de Munro, con el fin de formar en ese lugar el Centro Cultural Municipal de Munro. Fuimos nombrados madrina Olguita Zubarry y yo como padrino. Fue para el pueblo y para todos nosotros un acontecimiento muy importante, ya que este centro cultural fue bautizado como homenaje a ese gran hombre que fue Luis Sandrini. Concurrieron casi todos los artistas del cine y de la radio. También estaba Malvina Pastorino, con sus hijas. Esta fue la última salida de Malvina, ya que al poco tiempo falleció.

Pasa el tiempo, y me manda llamar nuevamente el Intendente Enrique García. Me dice entonces: "No te podés negar ahora, te necesito como director en el Centro Cultural"

Me pidió que organizara espectáculos artísticos los sábados y los domingos, con entradas libres y gratuitas. El pueblo, encantado con la idea. Fue algo maravilloso, la sala tiene 1.000 localidades. La gente hacía hasta dos cuadras de cola y quedaba chica la sala. Diré también que les he llevado números artísticos de primerísima línea, que era lo que yo consideraba que el pueblo se merecía.

Hoy ya no estoy en ese cargo, pues en Intendente consideró que era mucho trabajo para mí, y me quería al lado de él. Me nombró entonces, asesor cultural, y mi tarea consiste en representarlo en los lugares en los cuales el no puede concurrir. Generalmente le hablo al público, pidiendo las disculpas en su nombre.

Quiero referirme a lo escrito al principio en estas notas, cuando llegamos de Baigorrita a Caseros. Los corderos que compraba mi padre en La Tablada, se remataban por lotes en una cantidad importante, y con mi hermano Martín, los veníamos arreando hasta Caseros. Todavía ese pueblo pertenecía al partido de San Martín. Yo, en el arreo, venía en el carro para cargar en él a los corderos que se caían cansados. Eran bastantes kilómetros hasta mi casa.

Al llegar, ya comenzaba la carneada para llevarlos al otro día a la feria para la venta. Al poco tiempo mejoraron las cosas, y mi padre consigue una playa en el viejo matadero de San Martín. Para ese trabajo de matarife, junto con mi hermano Martín, arreábamos los corderos desde mi casa, en Avda. San Martín al 2500, a 25 cuadras de la estación de Caseros, mas la distancia hasta el matadero. De manera que llegábamos con un hambre tremenda – ahora se darán cuenta porqué viene todo esto a mi recuerdo-.
En frente del matadero, había un boliche muy viejo, donde nos hacían unos sándwiches de mortadela, de fetas gruesas cortadas a cuchillo (claro, en aquel boliche no había cortadora de fiambre).

Ahora viene la parte de mi emoción. Por iniciativa del Intendente de San Martín, Arquitecto Libonati, y la secretarías de Cultura de este municipio, me honraron con un homenaje que para mi será inolvidable. Me entregan el "San Martín de Oro" y al mismo tiempo colocan en una de las esquinas de la plaza, una plaqueta nombrando esa esquina como "Esquina Julio Martel", precisamente la esquina de aquel viejo boliche, que por supuesto ya había desaparecido... Al dirigirme al público, muy emocionado, no pude dejar de recordar, ese pasado... esas historias... finalizando mis palabras con: "que iba a pensar aquel pibe del tiempo de aquellos sándwiches de mortadela, que alguna vez le iba a ocurrir vivir esta emoción que ustedes me están regalando!"

Fue tan grande el aplauso... y la gente de pié, que lo recordaré toda la vida: gracias... muchas gracias al pueblo de San Martín...! Tampoco puedo dejar de agradecer a mi pueblo de Munro por honrarme poniéndole mi nombre a una plaza: gracias pueblo de Munro...!
(redactada por Julio Martel)

Miguel Recuerdo.

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